miércoles, 27 de febrero de 2013

Columna mensual de la Licenciada Albareda: La resilencia


Me gustan las piedras.
Algunas. Las que juntaba de chica en el arroyito de Córdoba.


Decíamos que eran “granates” y las guardábamos en una cajita, porque eran nuestras piedras preciosas.

O la mica, brillante,  pegada en una piedra gris, a la vera del camino, en La Falda del Carmen.                                                        
O las que traje de Salta y Jujuy, multicolores. Todavía debe quedar alguna. Otras, rojo fuego, misioneras, temperamentales.
Tengo unas pequeñas, blancas, casi transparentes, que me trajo Arturo de su viaje.

Y me gusta el viento. Para correr en su contra, hacerle frente y reírme, me energiza. Siento la vida y la naturaleza.
Pero cuando el viento, que no sé de dónde sale, atropella y se convierte en piedra, resulta intolerable.
Golpea con la fuerza y dureza de la piedra (ya no colorida o transparente) y con su misma intensidad de viento, que no energiza, sino doblega.


Reconozco mi fragilidad humana a merced de situaciones que no manejo.

Hubiera dicho mi padre: “Desensillá hasta que amaine”.

Pero la vida no siempre da los tiempos que requerimos esperando que pase el problema, sobre todo los tiempos emocionales.
Nos quebramos o lo enfrentamos con bronca, diciendo: “¿Por qué tiene que pasarme esto?

En el transcurso de la vida, algunas veces el viento se transforma en piedra… y duele… y sentimos que flaqueamos cuando debemos enfrentarlo.
Es más, en ocasiones sabemos ubicarnos en un lugar más protegido “esperando que amaine”. El mismo viento nos empujó a ese sitio, para recomponernos, permitirnos reflexionar y encontrar las propias herramientas de afrontamiento.

Otras veces, aparecen manos tendidas con gesto de ayuda. Las de siempre o la desconocida. Esa que nos hace dudar:  “¿La tomo? ¿No será peor el remedio que la enfermedad? Porque es muy duro confiar y luego sentirse traicionado, o abandonado.

O saber que  quien tendió la mano  también estaba en problemas y debía asirse a algo.    

¡Dos que no hacen uno!

Y aunque el viento sopla y su chiflido asusta, igual se dejan oír voces. Se escuchan voces serenas, sensatas, con una atinada comprensión de la realidad, de quienes ya atravesaron otros vendavales y supieron sacar lo mejor del momento crítico.

Pero también aparecen los rumores, sigilosos, ladinos, que se cuelan como agua.
Los rumores caminan en dos patas, chuecas. Una es corta, está hecha con algo de verdad, la otra es larga y defectuosa, hecha de interpretaciones y suposiciones prejuiciosas, malintencionadas.
El rumor empantana, no deja pensar, no permite clarificar las emociones, es terreno fértil para las propias suposiciones.

Durante milenios, la vida estaba encarrilada y era más fácil, a costa de limitar mucho la libertad, pero ahora se toman decisiones continuamente.

El filósofo danés Soren Kierkegaard, definió a la angustia como “la conciencia de la posibilidad”. Tener que elegir continuamente. Somos seres contradictorios. La rutina nos aburre, pero la libertad nos angustia. Esta es nuestra condición y con ella debemos vivir.

La vida es como una Y (y griega). Vamos transitando, trabajando, sintiendo, viviendo por…. el eje vertical. Pero llega un momento en que se abre, se bifurca. Siempre es así. Y debemos elegir. Salvo que el viento, transformado en piedra, nos ubique, forzadamente, en uno de los dos caminos… pero el que no nos gusta, el que nos pone a prueba, el que nunca hubiéramos elegido.





¿Por qué?

Porque estamos convencidos que manejamos la vida, que somos merecedores de sólo situaciones placenteras.

“Soy trabajador. Un buen trabajador.  Me esfuerzo, me capacito, cumplo con los turnos, soy responsable, conozco bien la Cadena de Reason, siempre la tengo presente y, por lo tanto, hago lo posible por no dejar resquicios por donde pueda colarse el error”.

Soy deportista. ¡Amo el deporte! Y me entreno con todas mis ganas, logrando tiempos que ni yo mismo creía que podía hacer. Y un día, un accidente, me obliga a cambiar el rumbo. A tomar decisiones que nunca imaginé tomaría.

¡Bienvenido al mundo de los seres vivos!

La situación ha cambiado. El viento golpea, transformado en piedra (no la roja de Misiones, suave al tacto) sino opaca y desafiante.

Puede ser el haber realizado el Curso de Controlador de Tránsito Aéreo, en la convicción que me darían un destino. Un Aeropuerto internacional o un Aeródromo. 
Pienso: “Trabajaré de lo que aprendí, en lo que aprendí a querer. La motivación es grande y tengo veintipico de años”.

Pero una instancia política, de repente, da un giro a las circunstancias  y me enfrento con la disyuntiva de la “y griega”.

“No hay Contrato”. Lo escucho y no logro incorporarlo.

“¿Y ahora? ¿Qué hago?”

Y no soy sólo yo. Somos varios.  Entre el chiflido del viento se cuelan rumores. Se arman “grupos de autoayuda”, solidarios en el acontecer de bronca y de incertidumbre. Unos vuelven a sus antiguos quehaceres, a buscar trabajo, otros insisten, sin darse por vencidos.  

En esto no caben conjeturas políticas. La política se maneja en otras esferas, no hay posibilidad de injerencia en ese nivel, no hay dominio de la misma.

Pero el viento transformado en piedra, siempre acecha y se manifiesta de distintas maneras. 

Hay otras personas que, por el contrario, hace muchos años que están estables en su trabajo. Se han dedicado a él y sólo esperan jubilarse. A estos los golpea con la frase: “En comisión por…tanto tiempo”.

Tenían su vida armada (transitaban por el “palito” de la y griega, pero deben tomar una decisión (¿tomar una decisión?) intempestivamente.

Podría mencionar infinidad de casos, que conozco de la vida y de los años de consultorio.

Y, aparte de las herramientas que cada uno haya podido generar para afrontar los cambios, las crisis o las situaciones intempestivas y no tanto, hay una sugerencia válida que puede aplicarse a todos: apelar a la RESILIENCIA. No protestar, no mirar hacia afuera, hay que manejarse con las herramientas propias, hacerle frente a las circunstancias. Ser RESILIENTE.

En el Libro “Aeródromos y Aeropuertos” (Roberto Julio Gómez, Teknibook Ediciones, 2012), Capítulo Factores Humanos, decimos:

La frustración
Es el sentimiento negativo que queda por la no resolución de un problema, el no poder alcanzar una meta u objetivo, por los deseos contradictorios no expresados: la ambición, el amor-odio hacia una misma persona, la presión, no llegar a cubrir la exigencia de eficiencia.    

Desde la frustración se puede llegar a actividades muy positivas, constructivas, lo que los psicólogos llamamos “sublimatorias”. O pueden generarse comportamientos no constructivos, inclusive francamente destructivos, hasta llegar a la agresión, retraimiento, hasta la resignación y, aún, a la depresión. El umbral de arribo a la sensación frustrante es privativo de la tolerancia de cada individuo, pero también influido por el entorno.   
Dice Andrés Biga Vidal, CTA del ACC EZE, luego que el “viento se transformara en piedra” y lo golpeara duramente con un accidente.

"Comencé a cambiar mi lema. En vez de llorar por lo que había perdido, INTENTÉ valorar lo que me había quedado sano y tratar de explotarlo al máximo. Fue difícil. Es un proceso del que algunos salen y otros se estancan, pero muchas opciones no hay. FUE MI DECISIÓN salir adelante, dejar de pensar en lo que pasó, cerrando puertas, para poder abrir otras (sus Oportunidades).

Aprendí a valorar cosas que antes pasaban desapercibidas, disfrutar cada momento en la vida porque nunca se sabe qué puede suceder al segundo siguiente. Me di cuenta de quiénes realmente estaban a mi lado y a quién valía la pena tener en mi corazón. Conocí personas maravillosas…
Irónicamente, los mejores logros deportivos los obtengo en esta etapa. Entreno a diario, volví a mi trabajo, manejo mi propio auto, estoy de novio, feliz de haber logrado todo lo que soñé anteriormente al accidente.

Volví a hacer todo lo que hacía antes, sólo que, ahora, de manera adaptada. Me costó el triple y tuve que pasar una gran piedra antes de definir el rumbo de mi vida…ahora sólo tengo que seguir, y ver cuál es… mi próxima meta. Actualmente estoy terminando mi instrucción para habilitarme en el Sector Sur. Realicé un curso de Diseño en 3D, porque me gusta y para ampliar mis conocimientos.
Los escucho discutir por asuntos gremiales, dinero, cambios de francos, ascensos y demás cosas que ya no me parecen esenciales.

Vivo la realidad desde otro lugar, yo estoy pensando en mantenerme activo y no dejar de hacer kinesiología para que mi cuerpo no siga deteriorándose.

Estoy tranquilo, contento con mi trabajo que es el más apasionante, no me imagino trabajando en otro rubro. Esto me apasiona y si en algún momento tengo que dejarlo por fuerza mayor, intentaré llenar el espacio con otra cosa que me apasione.
Pareciera demasiado arrogante, pero me dedico a mi trabajo, y estas cosas o ¨problemas¨ no me generan la misma carga que a los demás”.





Quiero destacar que la persona o equipo resiliente no apunta al auto engaño, no hablo de tapar el sol con la mano, por el contrario, llegar a la resiliencia es un arduo camino, que justifica nuestro paso por la vida.

Es fundamental tener conciencia del problema, tener una fría conciencia de la realidad, pero también de las fortalezas, ser capaz de construir un nuevo camino a partir de lograr la mayor eficiencia en el trabajo emprendido y en base al sentido que le doy a la vida.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                                                mdelcalbareda@yahoo.com.ar


3 comentarios:

  1. El concepto de angustia es
    el concepto de los conceptos...
    Muy importante los aportes del filósofo,
    Danés, Soren Kierkegaard, quien considera
    la Angunstia como “la conciencia de la posibilidad”.

    Pero habría que aclarar que este
    axioma es solo para algunos
    pues como señala el manuscrito de la Lic. María del Carmen
    ALBAREDA "la libertad nos angustia".
    Por eso aun nos quedamos con lo seguro,
    lo mecánico, lo conocido.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Guillermo Oscar Pérez27 de febrero de 2013, 16:00

    ¿QUE ES "LA RESILENCIA"?
    ¿CONFORMISMO?
    ¿ACEPTACIÓN DE LA "INJUSTICIA LABORAL"?

    ResponderEliminar
  3. Guillermo. Cada uno lee lo que quiere leer y lo entiende según sus preconceptos como es tu caso.
    No dice lo que planteas la editorial escrita. Resilencia es Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.
    No incluye tu "aceptación de la injusticia laboral" muy muy lejos de eso. Hay que tener apertura mental para dejar preconceptos de lado al leer.

    Saludos

    ResponderEliminar