miércoles, 9 de octubre de 2013

Editorial: El Ombligo

El trabajo en equipo, ámbito donde se dan discusiones por un tema específico, generalmente tiene características particulares sobre la forma que tenemos de intercambiar ideas. La clásica discusión, sobre la que muchas veces mal interpretamos su significado. A esto me referiré en esta editorial, la discusión de ideas durante el trabajo de equipo.

Para entendernos, previamente la definición.

discutir.
(Del lat. discutĕre, disipar, resolver).
1. tr. Dicho de dos o más personas: Examinar atenta y particularmente una materia.
2. tr. Contender y alegar razones contra el parecer de alguien. Todos discutían sus decisiones. U. m. c. intr. Discutieron con el contratista sobre el precio de la obra.

discusión
(Del lat. discussĭo, -ōnis).
1. f. Acción y efecto de discutir.
2. f. Análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles.
sin ~.

La idea de esta editorial no es tomarlo con el significado vulgar:

discutir
(Del lat. andarus al joraca)
1. gritar más que el otro,
2. partirle un botellazo en la cabeza,
3. no me importa lo que pienses lo que vale es lo que yo digo.
4. la tengo más larga, así que a llorar a la iglesia.

Es frecuente, en nuestras "discusiones", encontrar visiones opuestas sobre el ser y lo que debería ser al momento de tratar una temática en particular, cualquiera que esta sea. El ámbito aeronáutico, obviamente, no es ajeno a esta problemática.

Es saludable, por otro lado, que así sea. De las distintas miradas se construye una que tome lo mejor de cada una de las opiniones. El todo es la sumatoria de las partes en este caso. Esta es la situación ideal y lo ideal no siempre sucede.

Como consecuencia asistimos a discusiones que se basan en una realidad que nace de la mirada del propio ombligo. Sin ser poetas algunos podrían muy bien escribir y recitar una Oda al Ombligo.

Las discusiones son productivas y acercan posturas cuando existe apertura de pensamiento. Caso contrario son simplemente una cautivante sucesión de lugares comunes, de voluntarismos dulces y expresiones de ética conmovedora hasta las lágrimas. Serían opiniones "pour la galerie" (Expresar conceptos con el fin de provocar un efecto determinado ante un auditorio particular. El mismo orador, en otro contexto, vertería opiniones muy diferentes. Toda semejanza con la realidad es mera coincidencia).
Un grupo de personas que no están dispuestas a modificar un milímetro su pensamiento para llegar a un acuerdo, como equipo, no tiene un final feliz.

Me gusta la mitología griega y encontré lo siguiente:

Zeus y Atenea se enzarzaron en una discusión sobre cuál era el auténtico centro del mundo. Atenea aseguraba que estaba en Atenas, su ciudad favorita, pero Zeus no estaba conforme, así que para zanjar la discusión decidió soltar dos águilas, cada una de ellas desde uno de los confines de la tierra.
Tras un largo vuelo, las aves se cruzaron sobre la ladera del monte Parnaso, justo donde hoy se encuentra Delfos. Allí, en el interior del templo de Apolo, se custodió durante siglos una piedra cónica – un omphalos u “ombligo”–, que marcaba el centro del mundo. El centro del mundo - ombligo - paso a ser el templo de Apolo.

Es habitual encontrar personas que hablan instaladas en el templo de Apolo. No es ningún descubrimiento que merezca el Nobel.
Sus declaraciones se convierten en el centro del mundo, se constituyen como el "omphalos" de la aviación, es decir, el ombligo de la aviación y no dejan de mirarselo.

Si la opinión pertenece a "unos", el ombligo habla de su postura y no sale de ahí. Si pertenece a "otros", (otros ombligos), su opinión son vertidas en base a sus propias necesidades y aspiraciones personales, sus propios ombligos.

Como podemos experimentar, en general predomina el ombligo, como la atracción que provoca el "Anillo único" de Tolkien a quien lo mirara fijamente.

En ambos casos, los "unos" o los "otros",  las verdades son presentadas como "verdades ombliguísticas" (término recién inventado por mi pero creo que se comprende a que apunto)  inamovibles que tienen fijado domicilio permanente en el templo de Apolo.

Este es el momento propicio para concluir en una máxima (no la reina consorte):

Mi ombligo es mío y  no lo cambio por ningún otro. 

No hay solo una forma de ver las cosas, tampoco creo que la verdad tenga un solo dueño, por consiguiente no hay una sola idea sobre un tema particular que se pueda imponer, si antes no se intentó refutarla. En consecuencia, las posiciones irreductibles como ciudades amuralladas medievales terminan, tarde o temprano, siendo biodegradables.

No estamos acostumbrados, en general, a las dos primeras definiciones escritas al principio: discutir y discusión; pero muy habituados al significado vulgar: que cada uno diga cual es su postura y no se tome, personalmente, el trabajo de escuchar lo que el otro tiene para decir. Como toda generalización es injusta, hay casos contrarios por suerte. Pocos, pero hay.

Escuchar es como realizar gimnasia. Al principio cuesta. Nos duelen los músculos y buscamos eficazmente excusas para no hacer nada. Pasado un tiempo ya nos ejercitamos confortablemente y no nos cuesta ir. A esto no he llegado todavía. (A que no me cueste ir, porque en definitiva no voy)

Lamentablemente no hay vuelta atrás en las posturas sordas, porque todo acuerdo significaría (incorporar audífonos) entregar "banderas" y nadie quiere entregar nada, obviamente. Con respecto a las "banderas", leí lo siguiente: los perros forman manadas y los chimpancés son muy leales a su grupo, pero a diferencia de los humanos esos animales no deciden que los de otro grupo son buenos o malos en función de sus banderas, sino de intereses primordiales como la defensa del territorio o la selección sexual. Probablemente somos la única especie que se comporta de un modo u otro en función de símbolos. Símbolos que en esta editorial los tomo como "banderas"

Hace poco en un libro encontré este párrafo que hace un aporte a esta editorial:

"Muchas personas toman decisiones no en función de lo que ven, de lo que consideran bueno o malo, sino en función de lo que creen, de sus convicciones, de lo que el biólogo evolutivo y etólogo británico Richar Dawkins tildaba de código de los muertos: pautas de conducta excelentes hace miles de años, que han dejado de ser útiles y que, no obstante, siguen vigentes."

Segunda máxima:

Mi ombligo es mio, es mi "bandera" y no quiero entregárselo a nadie.


Templo de Apolo
En este momento de la editorial me parece adecuado hacer dos preguntas para responderse uno mismo y para responder en equipo, tipo "bonus track" al que nos tiene acostumbrados la Lic. Albareda.
  1. ¿No es hora de tirar abajo las murallas que acorralan el pensamiento y levantar la vista más allá del ombligo?
  2. ¿No es hora de abandonar el templo de Apolo?
Si estamos en un grupo, ¿no sería más saludable sentarse a discutir sobre un tema dejando de lado por un rato la atracción que nos provoca nuestro propio ombligo aunque el síndrome de abstinencia sea difícil de sobrellevar?

Por último y no los aburro más. Hay que tener cuidado, en lo pendular de las posiciones, de no caer en la situación que describe esta frase atribuida a Sigmund Freud (1856-1939): "Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos" A los fines de esta nota la modificaría de la siguiente forma: Si en un grupo todos están siempre de acuerdo, puedo asegurar que uno piensa por todos (perdón Sigmund por el atropello).

Una aclaración sobre el trabajo en equipo. No es un grupo de amigos, no es obligatorio terminar todos abrazados y comiendo un asado. El trabajo en equipo es desde la profesionalidad de cada uno. Amplío la idea.
Si con uno, dos, tres o todos los integrantes del equipo no los elegiría de amigos esta todo bien. Tengo que ser lo suficientemente profesional como para dar lo mejor aunque el que esté al lado no me guste. Termine el trabajo en equipo y no hace falta más. Las discusiones que tenga serán desde el marco estrictamente profesional. Cito a Al Pacino interpretando a Don Corleone "No es personal Tom, sólo negocios", obviamente dejando de lado el contexto en el cual Don Corleone lo dice. Pero en definitiva es así, no habría que mezclar sentimientos, cosa muy difícil, sino tener asepsia hormonal y el cerebro medianamente frío para tomar el control desde nuestra profesionalidad.

En un grupo de análisis del cual participé durante un año en el que, (sorpresa agradable),  hay pluralidad de opiniones y nos escuchamos bastante, aunque aveces había recaídas, existe un modificador de un factor descriptivo en un proceso de clasificación que realizábamos  que dice así:  erróneo/impropio/incorrecto/impreciso.

Quizás esta editorial puede ser catalogada como errónea/impropia/incorrecta/imprecisa, quien quiera clasificarla así, tienen toda la libertad de hacerlo. Puede tomarla también como una contribución al debate, no me voy a ofender por ello. Depende de que lado de la historia estas: En el templo de Apolo o fuera de él. Lo dejo a tu criterio.

Roberto Julio Gómez

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