miércoles, 29 de enero de 2014

Sobre la columna de la Lic. Albareda, se amplía la historia de los telegrafistas.

Hemos leído con fruición la nota publicada en su distinguido periódico sobre los telegrafistas de Morón; es una historia muy simpática y significativa. Gracias a la memoria de uno de nuestros más distinguidos corresponsales, don Héctor Martínez, amplio conocedor de aquellas épocas, queremos agregar algunos datos que pueden ayudar a comprender mejor cómo se trabajaba en aquellos tiempos.

Los “telegrafistas”, en su mayoría estudiaban en el Correo Central y, previo examen, obtenían un permiso para trabajar en ese mismo correo.

La profesión era insalubre; en su mayoría se retiraban con algo parecido al Mal de Parkinson.
Por esa misma razón –no estamos muy seguros de las fechas– con las firmas de Perón y de Mercante, en el año 1946 se estableció la Ley del Telegrafista, que incluía –entre otros– los siguientes ítems:

Jubilación: 60 años.
Horas de trabajo: 6 horas diarias.
Vacaciones: un mes por año.

Esa misma ley años después se extendió a los “teletipistas”, y creemos –pero no estamos seguros– también a los “radiotelegrafistas”, porque eran trabajos diferentes pero siempre insalubres, ya que por su continuidad en la función afectaban a quienes trabajan.
En la década del ’40, Morón era el Aeropuerto Internacional de Argentina por excelencia para la mayoría de los vuelos internacionales. Las empresas aerocomerciales eran Fama, Pan American World Airways, Pan American Grace (Panagra), Panair do Brasil, Braniff,  y algunas otras compañías europeas, que no las ponemos por temor a olvidarnos de alguna. Podrían ser SAS, British Airways; Swissair, Lufthansa, Alitalia; no las recordamos exactamente.

A fines de los ’50, Pan American organizó un curso en los EE.UU. a cargo de un técnico llamado Freiwald y de un ingeniero civil de la Fuerza Aérea que trabajaba en Ezeiza, gran persona del cual no recordamos su apellido, y que después pasó a Braniff, Fueron cursos de instalación y de reparación de VOR; luego PanAm proveyó esos Vors (nos parece que gratuitamente), creando nuevas rutas aéreas en nuestro país.
Pan American World Airways volaba por el Atlántico, donde hasta los años ’90 no había nada de rutas protegidas por control aéreo en ese sector.

En Montecaseros estaba instalado un radiotelegrafista que se comunicaba con los vuelos hacia Paraguay, y luego avisaba a Buenos Aires de su paso. Estaba en un lugar inhóspito; en una oportunidad envió un mensaje pidiendo ayuda, porque estaba rodeado de perros salvajes y no podía salir de la estación de radio, que seguramente también era su casa. 

Panagra  volaba por el Pacífico, incluido Bolivia y, allá por los ’40,  tenía oficinas de vuelo en Córdoba, Tucumán, Salta y Mendoza. Cruzaban volando la cordillera de día, siempre y cuando no hubiera grandes tormentas. 

En fin, así se volaba en aquellos tiempos, gracias a los “teletipistas” y a los “telegrafistas”, hoy injustamente olvidados.
Esperando haber colaborado con vuestras intenciones difundidoras de la actividad aeronáutica, aprovechamos la oportunidad para saludarlo muy atte.

Miguel Ángel Torrendell
Director

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