miércoles, 30 de abril de 2014

Columna de la Lic. Albareda - “Haz lo que yo digo… pero no lo que yo hago”

Lic. María del Carmen Albareda
Declamamos, realmente convencidos, que fumar es “perjudicial para la salud”, pero igualmente encendemos  un cigarrillo, por lo tanto, se produce una tensión entre el conocimiento (lo que NO debo) y el deseo (lo que SÍ quiero).      
             
Tal disonancia se resuelve armando una nueva creencia: “un cigarrito no me hará nada”, “total, uno más”, “por uno no me voy a morir”. Y se armó un nuevo mapa mental que alivia la tensión.

Otro ejemplo: leer un texto brillante y pensar “Qué inteligente este autor”. Hasta darnos cuenta que quien lo escribió es aquel con quien estamos enfrentados políticamente. ¡Qué problema! 

No podemos sostener dos creencias disimiles ¿Entonces? ¡Sencillito! Hacemos que estas dos creencias sean de una misma polaridad: “Este tipo es un mediocre y escribe sandeces”.  Esta persona no se permite nutrirse del que sabe, independientemente de quién es.

La Disonancia Cognitiva (o cognoscitiva) se refiere a la incomodidad de mantener dos ideas incompatibles entre sí, o cuando –directamente- hacemos lo contrario de lo que decimos. Este malestar viene acompañado generalmente por sentimientos de culpa, frustración o... vergüenza.

Es entonces cuando nos esforzamos en armar ideas y creencias nuevas que encajen entre sí de manera que resulten coherentes y alivien la tensión. Y así vamos construyendo nuevos mapas mentales.

Romper con las DISONANCIAS, volverlo CONSONANCIA COGNITIVA cuesta bastante e insume esfuerzos (y hasta sacrificios intelectuales), por lo tanto, ¿qué es más fácil? ¡Cambiar las creencias! Nos mentimos justificando pensamientos y actos para evitar sentirnos peor.

Ante la DISONANCIA, primero actuamos y luego justificamos la actuación. Si bien en un primer momento se alivia la ansiedad, después, cuando tomamos conciencia, terminamos sintiéndonos mal y entramos de nuevo en la espiral de volver a justificar las contradicciones.

Pero hay que tener cuidado con esto. Algunas personas naturalizan tal comportamiento, lo practican sin razonarlo, la mentira se hace habitual y con ello pueden terminar armando una realidad paralela. ¡Muy peligroso!

Un ejemplo desde lo social: admiro a un compañero de trabajo por sus valores personales, su capacidad de trabajo, su liderazgo, etc. ¡Cómo me gustaría parecerme a él! Por otro lado, mi autoestima se resiente y me da rabia que afloren esos sentimientos.
Se me produjo una disonancia ¿Cómo lo resuelvo? Sencillito: Cuando esté frente a él me mostraré indiferente o le quitaré valor a sus actos. Se siente admiración pero se demuestra menosprecio. La otra persona queda muy confundida y no termina de entender por qué estoy tratándolo mal, alterando notablemente la comunicación.

Genero una coraza que esconde mi verdadero sentir. ¿Qué sucede en estos casos? Que termino mostrando lo que en realidad no siento. Me muestro despreciativa, puedo volverme burlona, puedo ridiculizarlo en alguna oportunidad, genero rumores en su contra que siempre encuentran algún adepto. Pero, con el tiempo, los demás rechazan mis comportamientos tóxicos. Entonces me siento mal y termino creyendo y manifestando que soy una incomprendida. ¡Una verdadera espiral disruptiva!

¿Qué podemos concluir? 

La disonancia cognitiva en sí misma no es algo perjudicial, ya que reduce ansiedades, pero  hay que ser conscientes de que la cometemos, para no caer en el autoengaño, que es lo que nos llevará a comportamientos neuróticos.

“Cuando no tengas respuesta para algo, complicá la pregunta” (David Ogilvy, publicista).

Más o menos quiere decir: metéle con las Disonancias… que alguien las tornará CONSONANCIAS, mientras tanto, ganaste tiempo.

                                                            Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                              mdelcalbareda@yahoo.com.ar

2 comentarios:

  1. Muy bueno. Simple y clarísimo!

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  2. Muy académico, la mayoría de la gente quiere expresiones más simples

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