miércoles, 25 de junio de 2014

Columna de la Lic. María del Carmen Albareda - “Aprendamos algo de Michel Douglas” (continuación del Modelo NICE. La letra “N”)


El actor Michel Douglas, en  la película “Día de Furia” (1993),  se mete en el personaje de William Foster, un atribulado ciudadano quien perdió su empleo y empieza a mostrar síntomas crecientes de perder también su conciencia situacional debido al estrés. 

En una escena se detiene frente a un supermercado urgido por realizar una llamada telefónica, y ante los inconvenientes que aparecen demuestra poca contención emocional. Entra y pide al propietario coreano, el Sr. Lee, que le cambie un dólar para poder usar el teléfono público. El Sr. Lee, con inflexible política comercial y acotado lenguaje, responde:

-“No cambio. Compre o váyase”.
Los fusibles de William Foster, se recalientan. Toma una lata de gaseosa, dispuesto a comprarla y así obtener el cambio en monedas.
-“Ochenta y Sinco Sentavos”, dice Lee.
No sirve. Necesita 50 centavos para el teléfono.
- “Pague o váyase”.
A punto de estallar, imita la pronunciación de Lee.
-“¿Qué significa eso de Sinco? Yo no entender Sinco. Hay una “ce” en esa palabra. ¡Cinco!  ¡Cinco! ¿Es que no hay “ces” en chino?”
-“Yo no chino, yo coreano”, replica Lee.
Lo que comenzó como un simple pedido de cambio, ya se ha convertido en una polémica.
-“Viene a mi país, se queda con mi dinero y ni siquiera se molesta en aprender a hablar mi idioma”.
-“Usted váyase ahora. No moleste”.
-“No, me quedo. ¿Qué le parece?”, responde el rubio, rojo de ira.
El Sr. Lee saca un palo, oculto por el mostrador. 
Michel Douglas lo derriba, le quita el palo y rompe una vitrina, luego otra vitrina.
-“¡Llévese el dinero, llévese el dinero!”, suplica Lee, encogido en el suelo.
-“¿Qué? ¿Me tomás por un ladrón? Yo no soy el ladrón. Yo no soy el que cobra 85 centavos por una miserable lata. Yo sólo defiendo mis derechos como consumidor”. 
Mientras señala con el palo los artículos de las góndolas, va preguntando los precios. 
-“Demasiado caro. Demasiado caro”, sigue Michel Douglas.
Hasta que, al fin, por una caja, el Sr. Lee responde:
-“Cincuenta Centavos”, demostrando que aprendió la lección.
-“De acuerdo”, dice, al tiempo que abre la caja registradora, tira el dólar y retira los 50 centavos del cambio. 
-“¡Ha sido un placer visitar su establecimiento!”

¿Qué hubiese pasado si implementaban el NICE?


El Director de la película necesitó que la escena transcurriera así, pero nosotros podemos intentar verla desde otros ángulos. 

¿Qué hubiera sucedido si Lee, para empezar, se hubiese mostrado amable con Foster, en lugar de hostilizarlo?

-Viéndolo tan agitado debió haber preguntado: “¿En qué puedo ayudarlo?”.
-Podría haber sospechado que Foster era un INTRATABLE POR SITUACIÓN. Le hubiera ayudado a  tranquilizarse  y evitar la catarata emocional que terminó en destrozos.
-Lee podría haber sugerido algún artículo que costase cincuenta centavos, sin vulnerar su propia política “Aquí no damos cambio”. Su inflexibilidad (surgida ¿de su cultura?, ¿de su ego? ¿de gozar de un espacio de poder?) ayudó a la bola de nieve.

La letra N y el primer postulado del sistema dan una importancia fundamental: 

 Mantener la compostura mientras tratamos con una persona difícil.


Por razones  “más que obvias” o por viejos traumas que arrastramos desde la lejana infancia, hay personas que “me generan cortocircuito interno”. Pero, como ya sabemos: el que reacciona, pierde el control. Deja de actuar de una manera metódica prudente e inteligente, para dejarse dominar por sus reflejos. 

¿Ah, sí?
¿Y por qué? 

Sencillito: Porque esas conductas  primitivas, pasionales, temperamentales, viscerales, CAUSAN PLACER. Lógico, si no, no las sostendríamos en el tiempo, a pesar de saber que son contraproducentes.  A pesar que nuestra corteza cerebral nos diga: “Basta, pará, cerrá la boca” podemos ser una catarata de palabras y –hasta- enfundar las manos en los bolsillos para no tomar a alguien del cuello. 

¡Epa! No es para tanto.
 ¿O sí?

Una exigencia irrazonable nos resulta un golpe. Lo que consideramos una mirada hostil, una vuelta de cara, un apretón de manos por compromiso,  hace que nos cerremos a seguir negociando.
Negociar desde ahí es muy difícil.
Se requiere NEUTRALIZAR las emociones, mantener el control (en porteño: la sartén por el mango). 

Un autor dice: 
“Hay que guardar las demostraciones involuntarias de sentimientos para las bodas y las películas que hacen llorar”

Y, entonces ¿qué?
  • Recurrir rápidamente al NICE, como si tuviéramos un mapa delante de los ojos  que nos guía y nos “acomoda en el territorio”.
  • Reconocer que tenemos al “amor propio” en el centro de la escena, por lo tanto, debemos correrlo detrás del telón.
  • Generar un receso, un break. “Me tomo 10 minutos, me tomo un té”.
  • Cambio el foco, mirando a un compañero, preparando un café o un mate, recomponiendo la postura, relajando los músculos de la cara, espalda, brazos, piernas. Busco una posición más relajada. Respiro profundamente.

No descarte estas herramientas sin antes haberlas probado.

Usted sabe lo que quiere y la otra parte también sabe lo que quiere, pero ninguna de ambas va a ceder, porque, además, eso lesionaría su AMOR PROPIO. No es sólo cuestión de intereses objetivos, el EGO TAMBIÉN CUENTA.

  • No toda  negociación termina en un acuerdo
  • Ahí es donde interviene la opción última: romper sin pelear. Saber cuándo y cómo es mejor tomar distancia con respecto a la persona o al encuentro difícil. 
  • No todas las reuniones patronal-sindicato-terminan en convenios. 
  • No todas las fusiones terminan en perfecta fusión (FF.AA/ANAC).
  • No todas las conciliaciones reconcilian.
  • Al menos, POR EL MOMENTO.
No siempre se despide a los huelguistas, no se reanudan los bombardeos, los vecinos no se mudan ni todas
las parejas se divorcian 

Lo importante: NO QUEMAR LOS PUENTES.

Dejar abierta la posibilidad de que se llegue a un acuerdo,  pacto u otro desenlace positivo en alguna época futura.

¡Pero yo soy una persona de muuucho carácter!

Cuando las cosas se ponen difíciles ES TENTADOR forzar el enfrentamiento, cuando no se busca la creatividad, sino la demostración de fuerza. Entonces, además de quemar los puentes se arrasa el campo del otro (¡que es el mío!).

                                                                     
 Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                    mdelcalbareda@yahoo.com.ar




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