miércoles, 24 de septiembre de 2014

[Columna] Lic. Albareda: “¡en Houston!... ¡En “Sam” Houston!... ¿Dónde? ¿En San Justo?”

Lic. Albareda
Son evidentes los errores comunicacionales que cometemos a diario.
Algunos intrascendentes y prontamente salvables, otros, conducentes directos a una tragedia.

Un ejemplo del primer caso

-Yo: … eso ocurrió en Houston
-Ayelén: ¿Dónde?
-Yo: ¡En Houston, en “Sam” Houston!
-Vanesa: ¿En San Justo?

Esto evidencia que nos encontrábamos en un entorno con “ruido”: teléfono sonando, una conversación de trabajo entre varios interlocutores, yo misma, que hablé mientras abría la puerta e iba saliendo de la oficina, etc.
Hago retroalimentación, aclaro cual es la localidad a la que me refiero y punto.Nos reímos.

Un segundo caso es confundir las matrículas  distintivas de aviones.

No es lo mismo decir 1234, que 1324 o 2314 y transferirlo, siendo que es posible que las tres aeronaves se encuentren volando AL MISMO TIEMPO, en EL MISMO ESPACIO.

Véase en la pantalla radar:  “ARG 1724”  “ARG 1723”
Menudo problema para quien se encuentra controlando. Requiere de él/ella el máximo estado de alerta atencional, un entorno silente, un equipo de trabajo consustanciado con la responsabilidad, supervisión, etc. 
De lo contrario, la confusión -en este altísimo rango de profesionalismo- ocasionaría serios perjuicios. 

Véase en la pantalla radar: “ARG 1494”      “ARG 1524”       “ARG 1724”

Los sentidos

Los sentidos permiten ponernos en contacto con el mundo exterior. Se llaman exteroceptivos y son: visión, gusto, olfato, tacto y audición. 

Haber escuchado lo que no se dijo, haber confundido dos sonidos parecidos puede indicar estar entendiendo un concepto absolutamente diferente de lo que quería comunicarse. Un claro ejemplo puede ser confundir las matrículas.

Pero también aparece el sistema vestibular, del equilibrio, relacionado con el oído medio y áreas muy profundas del cerebro,  que nos da cuenta de los movimientos de nuestro cuerpo en el espacio, los cambios de posición de la cabeza, el tono muscular, haciendo que se registre el mantenimiento de un campo visual estable, fundamental en la orientación del cuerpo en relación al espacio.                                                                      
Problemas en este sistema de equilibrio generan dificultades en el registro de la información visual, en el seguimiento visual de objetos en movimiento: los desarrollos, en el radar, de los tránsitos,  –por ejemplo-, en la convergencia de imágenes, en la transcripción a la pantalla de lo leído en el tablero. 

El sentido táctil o cutáneo es el encargado de registrar la información en la superficie del propio cuerpo. Transmite lo que sentimos en el límite entre el cuerpo y el resto del entorno, como temperatura y dolor.                                                                                               
De este modo, permite discriminar los estímulos del medio, y cómo reaccionar cuando éstos son amenazantes. Participa en el conocimiento del cuerpo y también en el desarrollo del vínculo emocional y sentido de seguridad. Junto con el sistema propioceptivo sustenta la acción motora planificada. Los receptores sensitivos que se encuentran situados en los músculos, tendones y piel proporcionan una amplia variedad de información interna.
El sistema propioceptivo, por el contrario, es por el cual se tiene conciencia del estado interno del cuerpo: 
“No me siento bien, no sé qué tengo”, 
“Me siento débil…”, 
“Me estalla el corazón de alegría”.                                                                                                           
Frases desligadas de rigor científico, pero sumamente expresivas. Esto es “intra", no es la conexión con el afuera, sino con las propias sensaciones internas.

Mostré la confusión de ESCUCHAR con distorsiones de sonido como en el primer ejemplo, Sam Houston con San Justo, o –directamente- por no haber resultado audible lo que se dijo.

Otra confusión puede provenir del área de la VISIÓN. Vista cansada que pasa rápidamente la mirada por la pantalla radar o por la faja del plan de vuelo sin retener los datos debidamente, automatizando una comunicación, sin el debido registro conciente.

No es lo mismo Sam Houston que San Justo y no es lo mismo la información que deberá comunicarse al 1234 que al 2314.

Este simple abordaje lo determino desde un plano netamente sensorial, es claro que lo emocional tiene una influencia determinante… pero por hoy, dejemos la “psicología”.

Los automatismos, los enormes avances tecnológicos no sustituyen a un operador avezado, altamente profesional que se resguarda de caer en comunicaciones fallidas.

Agradezco a Walter GOROSITO, Controlador del ACC EZE por las fotos de su pantalla radar.


Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                             mdelcalbareda@yahoo.com.ar

Bibliografía pertinente: 

Doc. OACI  9806
Doc. OACI  9683
Circular 314 TEM

1 comentario:

  1. En el famoso caso del vuelo 1549 de US Airways, llega el momento en el que el controlador empieza a emplear un número de vuelo equivocado: http://cityroom.blogs.nytimes.com/2009/02/05/faa-releases-flight-1549-tapes-2/?_php=true&_type=blogs&_r=0

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