jueves, 30 de octubre de 2014

[COLUMNA] Lic. María del Carmen Albareda: ¡No soporto a este estúpido!

Debido a que ayer la columna fue publicada con erratas,  va de nuevo porque tengo fe de errata. 

Lic. Ma. del Carmen Albareda
La inteligencia malograda
La Columna de este mes está especialmente dedicada a  quienes detentan un alto nivel de inteligencia estructural y que es dramáticamente anulada por fenómenos internos (angustia, celos, envidia, insatisfacción, antiguos traumas), y los hace adoptar posturas estúpidas (entendido como inconducentes al logro del propósito u objetivo), como:
  • Ataques de furia: gritos, hostilidad verbal y gestual, actitudes despectivas.
  • Optimismo exagerado, casi maníaco, con un entusiasmo y euforia no correspondientes con la situación.
  • Actitudes soberbias de altanería, arrogancia, dándose humos por lo que no es ni tiene,
  • Despóticas, con la tiranía del egocentrismo, conminando a que las cosas “son como yo las veo”, en un absolutismo opresor sin medida, mostrándose incapaces para desarrollar normalmente su tarea.

Observar fracasos de distinta índole: cognitivos, afectivos, de la voluntad, personales o políticos,  nos llevan a pensar en el fracaso de la inteligencia, tal como surge de los análisis del filósofo José Antonio Marina en ¨La inteligencia fracasada” (Anagrama), según el cual "…puesto que hay una teoría científica de la inteligencia, debería haber otra igualmente científica sobre la estupidez".

Esto se da cuando la inteligencia abandona las abstracciones  y se interna en la vida diaria, en los laberintos de las emociones. Lo verdaderamente alarmante es que un premio Nobel o un destacado ¿Ingeniero?,  ¿Controlador?,  ¿Psicólogo?, ¿Operador ARO AIS? o ¿Piloto? puede ser tan  estúpidos hasta lo impensado, a pesar de su competencia profesional.

Los fracasos cognitivos
Estos fracasos se dan cuando el prejuicio (todas las maestras jardineras hablan en diminutivo y recortan goma eva), la superstición (se te rompió un espejo, son siete años de mala suerte),  el dogmatismo (quieren que sus aseveraciones sean innegables), confunden a la inteligencia, ocultándole la realidad y la posibilidad de raciocinio.

"La inteligencia fracasa cuando se mantiene una creencia falsa que resulta invariable a pesar de cualquier experiencia que evidencie lo contrario”, ha explicado Antonio Marina.

No importa qué evidencia se le ponga por delante, qué explicaciones claras y fehacientes reciba, (hay muchas maestras jardineras que tratan a los niños por el nombre que figura en la libreta; si tenés mala suerte no es porque algo se rompió, sino porque ¡no sabés hacer las cosas!), de todos modos  se “congela” en un mapa mental tan sólido como un bloque de granito.

De modo que carecerá de flexibilidad para variar el juicio, no podrá modificar su creencia y adoptará una conducta terca, sosteniendo lo insostenible. Es el momento en que el entorno de este individuo se pregunta: ¿Es posible que siendo tan inteligente, sea tan nulo?

Los fracasos afectivos
Se deben a falsas evaluaciones sentimentales en el paso del deseo a la acción. Son conclusiones equivocadas,  que pueden darse por la interferencia de afectos y sentimientos que obnubilan el raciocinio.
No se reconocen los propios sentimientos, se confunde -defensa de un interés- con -defensa de mi pequeño espacio de poder-. Se esgrime un razonamiento falso y se lo sostiene a capa y espada. Pero, el detrás del telón muestra que se está escudando tras un caparazón que protege a la frágil autoestima.

Se siente vulnerable y apela a raciocinios falsos para ocultar el llanto, la angustia,  también, para defenderse del menosprecio que siente de parte de los demás.

"Los celos –por ejemplo- tienen que ver con un sentimiento de propiedad pero no tienen ninguna relación con el sentimiento amoroso, como se cree", dice el filósofo.

Hay otros sentimientos que incapacitan para vivir, como es el caso del resentimiento que da una visión errónea de la realidad, perjudicando seriamente los vínculos interpersonales y cualquier relación laboral o familiar. El desamor, la incomprensión en los vínculos, las adicciones, la sensación de injusticia, los laberintos del miedo y la sumisión; la agresividad idolatrada como arma de poder, son derrotas de la inteligencia. Y, en algunos casos conocidos, la antesala de conductas que tienden a la auto aniquilación, el  suicidio, para no hablar con eufemismos, aunque suene muy brutal.

Los lenguajes fracasados
Otro de los fracasos habituales de la inteligencia,  es el modo de hablarnos a nosotros mismos. El llamado discurso interior, el relato. Nos contamos la historia de tal modo que podemos autoengañarnos tranquilamente.
Bien lo sabemos los psicólogos, escuchando una y otra vez un mismo relato de los hechos de la vida del paciente. Y, de repente, tras meses de abordaje e interpretaciones, el paciente cambia el relato: admite desadaptaciones, admite que se engañaba reproduciendo un lenguaje que lo mantenía en el fracaso.
A propósito: ver  el libro “Aeródromos y Aeropuertos (cliquear)  Capítulo “Factores Humanos” y la Columna del mes de Mayo 2013 “Mi cara de viernes y mis rollos de siempre (cliquear)” 

El fracaso de la voluntad
Recurramos nuevamente a la mirada del entorno: ¿Cómo es posible que fulano, tan inteligente en el trabajo, tome tan malas decisiones en su vida?
Debido a un atasco en la toma de decisiones entra en un círculo vicioso de inacción. Si volvemos a las experiencias de consultorio, vemos a ese paciente que sale de un fracaso para entrar en otro. Decisiones alteradas por estados de conciencia negativos, por temor al fracaso, por falta de una pequeña dosis de coraje, por indeciso, por dubitativo.

El fracaso por la elección de metas
La inteligencia fracasa cuando se equivoca en la elección de la meta,  una meta que no debió haber elegido por múltiples razones, cuyo análisis excede el espacio de esta Columna. Por falta de conciencia situacional, por carecer de las fortalezas necesarias para sostenerla. O por invocar un objetivo hacia el cual cree dirigir todas las acciones (aspecto conciente), pero cualquiera puede ver que todos los caminos elegidos (aspecto inconciente) conducen a desvíos. Luego llegará la pregunta: ¿Por qué no consigo lo que quiero, si lo busco con tanto ahínco? No señor, señora o señorita, su inteligencia declamó una meta, pero las conductas generadas difícilmente le permitan arribar a ella.

LA ESCUELITA
Mostrando mi hilacha de capacitadora, propongo un caso concreto. Léanlo y adáptenlo a sus circunstancias particulares, tomando el caso vivido por Pedro Dynamo del - FRACASO DE LA INTELIGENCIA - de un colaborador, un “estúpido”, como lo califica él.

En lugar de retarlo, sancionarlo, volarle el flequillo, Pedro Dynamo prefiere liderar la acción. Iniciar el camino desde él mismo. Tiene en su equipo a una persona capaz - inteligente -  precisamente por eso lo había convocado a su equipo de trabajo, pero que... ¡No hace bien su trabajo! ¡No llega a los resultados adecuados! Pedro Dynamo y yo nos reunimos para ver de destrabar el conflicto:

-Psicóloga: ¿Qué significa exactamente que esta persona (el “estúpido”) no hace bien su trabajo?
-Pedro Dynamo: No hace bien su trabajo porque no profundiza en los encargos que le hago, en cuanto puede se conforma con hacer lo justo para quitarse la tarea de encima. No me informa si tiene, o no, problemas para hacer su tarea. Tampoco me informa de la marcha del trabajo. No aparecen los resultados esperados
-Psicóloga: ¿Qué sería un resultado esperado?
-Pedro Dynamo: Que analice toda la información que permita extraer conclusiones aplicables al Turno.
-Psicóloga: ¿Usted hizo TODO para explicarle a esta persona qué se espera de ella, sus expectativas  y los resultados medibles de su trabajo?
-Pedro Dynamo: Lo convoqué a una reunión donde le expliqué lo que debía hacer.
-Psicóloga: Esta persona ¿Conoce los plazos? ¿Conoce claramente los resultados esperados medibles? ¿Dispone de todos los recursos necesarios para hacer su trabajo?  ¿Entendió bien lo que espera de ella? ¿Viene con los conocimientos necesarios para este trabajo? ¿Se siente motivada? ¿Siente que usted valora lo que ella rinde? ¿Alcanzó con esa reunión?
La respuesta que le surge a Pedro Dynamo, de lo más profundo de las entrañas es esta:
-Pedro Dynamo: ¡No puede estar trabajando acá si no conoce lo que tiene que hacer y yo no voy a enseñarle como chico de Colegio! Pero, ¿En qué quedamos? Quién debe aprender: ¿yo, Pedro Dynamo –Jefe de años- o el imberbe ese? ¡Pero se dio vuelta la taba!
-Psicóloga: Espere: no reaccione. Si quiere liderar, RECHACE esta respuesta y permítase un momento de auto aprendizaje.


Esto es lo que los Jefes rehúyen: hacerse cargo de los fracasos intelectuales de los colaboradores. Ah, caramba, nadie les dijo que ESO era parte de su trabajo: SABER GESTIONAR,  SABER LIDERAR, no sólo ocupar un gran escritorio sobre una alfombra nuevita.

Y si no sugiérale estos dos sencillos pasos:

1er paso: Deje de hacerse el estúpido.
2do. Paso: póngase a hacer las cosas como corresponde. ¡Chan!


María del Carmen ALBAREDA
Licenciada en Psicología
Facilitadora en FF.HH
mdelcalbareda@yahoo.com.ar

1 comentario:

  1. Que buena columna! y qué bien le vendría leerla a unos cuantos!

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