lunes, 2 de febrero de 2015

[COLUMNA] Lic. Albareda “Cómo surfear al borde del caos”

Lic. María del Carmen Albareda
Es Enero. Yo, en Bs.As, algunos disfrutando la playa, jugar con arena; otros haber ido a disfrutar los deportes de frío, buscando el relax.
Lucía Lapunta está sentada en la playa, apoyada sobre su mano izquierda. Mira distraídamente el mar. Mientras tanto, con su mano derecha carga arena y va dejándola caer suavemente.
Relajada, sin pensar en nada, va dejando caer los granos de arena uno a uno. Durante un tiempo irán apilándose uno encima de otro hasta formar una pequeña ¿montaña? ¿pirámide?

A lo mejor imagina que su montañita podría transformarse en un hermoso castillo de arena.
Pero, ocurre lo sorpresivo; porque no sabe CUÁNDO, pero el próximo granito genera una avalancha que modificará el equilibrio, la suave armonía de la forma. Dependiendo de cómo estén situados los otros granos, la avalancha puede ser muy pequeña o, por el contrario, devastadora, arrastrando todo lo que encuentre a su paso. La linda montañita ¡ahora es un chato panqueque! 

Algo similar le sucedió hace quince días a Pedro Dynamo, pero en otro entorno. Se encontraba esquiando, cuando sin saber cómo ni por qué, generó una mediana avalancha de nieve que lo hizo dar varias vueltas por el aire. ¡Menudo susto! Sólo esperaba detenerse y poder recuperar el equilibrio… y la respiración. Cuando los giros terminaron, quedó quieto, volvió el silencio, la calma. La nieve se había distribuido de otra manera, el paisaje estaba algo diferente, pero a él todavía le dolían los huesos.

Estos ejemplos traídos de momentos de vacaciones en Cariló o en Bariloche son perfectamente aplicables a una organización: la TRW de San Fernando, el ACC EZE, o el hogar-dulce-hogar de quien está leyendo en este momento.
Cuando una dinámica llega al “punto crítico” -difícil de prever-  es el momento del arranque para una modificación de la estructura. Hasta un solo granito de arena, o un puñado de nieve movilizado, puede afectar dramáticamente a todos los demás, generando una reacción en cadena que provoca una avalancha catastrófica que destruye toda la forma y la altura a la que se había llegado.
Podemos remitir estos ejemplos vacacionales a un modelo teórico llamado  “Modelo-al-borde-del-Caos”.
Luego de la “avalancha”, se dice que la estructura -la montañita de arena o el paisaje nevado resultantes- está “auto organizada”, o sea, llegó a un nuevo equilibrio. Si, en cambio, se tratara de un matrimonio, el resultado sería:  el divorcio o una manera fortalecida de relacionarse a partir de ahora.

Si fueran cuestiones políticas no hay más que ver el caso de “Charlie Hebdó”, en París, Enero 2015.
Aunque se parte de algo concreto, medido cuantitativamente, puede traspolarse a las relaciones humanas, a la gestión en las empresas, a los estilos de liderazgo.
El problema es que no se  sabe en QUÉ momento se llegará a ese PUNTO CRÍTICO. Puede parecer que siempre está cerca (y jugamos con fuego, jugamos con los límites) o, por el contrario, se continúa saturando el sistema sin visualizar que se aproxima el derrumbe.
Es decir, que la estructura organizacional es un nivel, pero hay otro nivel, el simbólico, con otros registros que también hay que conocer.
El MIT (Massachusetts Institute of Technology), desarrolló su teoría de los sistemas  dinámicos no lineales. El modelo del caos introduce la idea de que el azar, las condiciones cambiantes y la creatividad pueden introducirse en cualquier momento en un sistema  complejo y alterar su curso.
La autoorganización se manifiesta  como una ruptura de la simetría de patrones y por la posibilidad de conductas colectivas altamente organizadas. 

Los estudios teóricos apuntan a que los sistemas en los que el orden y el desorden coexisten resultan los más adecuados, debiendo entenderse que la frontera entre el caos y el orden marca también el momento en la cual una sociedad se transforma.
El mundo de las hormigas tiene ejemplos impresionantes y espectaculares de inteligencia colectiva, donde la activación en individuos inactivos se produce cuando otras hormigas activas solamente los rozan,  alternando estados de reposo e intervalos de actividad, con un promedio de entre 15 y 20 minutos entre unos y otros.

No requieren, a diferencia de otros grupos sociales, un individuo dominante que dirija o controle la vida de la colonia. Estas hormigas poseen un sistema de comunicaciones complejo; pero el mecanismo principal de comunicación es el contacto físico directo que realizan al tocarse con las antenas. 

Se trata de un orden generado sin la intervención de un control central. Este nuevo orden se conoce con el nombre de autoorganización y se manifiesta generalmente como una ruptura espontánea de simetría en la que existe formación de patrones donde antes no los había y por la posibilidad de conductas colectivas altamente organizadas, aún en la ausencia de diseños prefijados. 

La conducta social es por lo tanto sinérgica y sólo la produce la participación concurrente de individuos en interacción.

En el borde del caos, los individuos tendrían la flexibilidad suficiente como para verse involucrados en tareas colectivas; pero preservando al mismo tiempo, la expresión de parte de sus conductas individuales.

El borde del caos no es una línea fronteriza, sino un estado en el que el orden y el desorden fluyen. Moverse al borde del caos provoca una convulsión en la organización que le hace reaccionar y ser creativa e innovadora, pero no la disuelve, no es un abismo sino un estado en el que la organización encuentra su punto más álgido de cambio productivo.
Cambios cuantitativos, en el caso de la arena o la nieve, casi imperceptibles, generan un cambio CUALITATIVO importante.

Lo negativo del borde-del-caos

Lo que no se ve, o se ve pero se desatiende, no le doy importancia, pero se sigue cargando, saturando. Organismos que los gobiernos usan en su provecho y luego se vuelven caóticos, desmadrados. O el simple laissez faire que va permitiendo, dejando pasar, aumentando la presión o el estrés hasta que la situación se me vuelve incontenible. De ahí al desastre, la ruina, el fracaso: sólo UN PASO. 

Lo positivo del borde-del-caos o “no le tengas miedo al candombe”
Jefes en la cuerda floja al borde del caos.

Las culturas complejas no son el resultado de la sola actuación individual de líderes creativos, sino producto de un trabajo en equipo efectivo (¡pobre Pedro Dynamo!). 
No hay eternos ganadores, tan solo especies y organizaciones que, O REACCIONAN Y SE ADAPTAN, O SE EXTINGUEN.

El actual entorno profesional se ha vuelto más dinámico y complejo y si las organizaciones quieren sobrevivir y tener éxito tienen que ser más ágiles y aumentar su capacidad de reacción. Esta nueva realidad profesional requiere un nuevo tipo de liderazgo adaptativo.

Principios clave

Existen cuatro principios clave que emanan de la ciencia de la complejidad y que son inherentes a todas las organizaciones:

1. El equilibrio lleva a la muerte. Cuando un sistema vivo se halla en equilibrio, tiene menos capacidad de reacción ante los cambios de su entorno.

2. Ante la amenaza, los sistemas vivos se mueven hacia el borde del caos, lo que los lleva a altos niveles de cambio en los que es más fácil que emerjan soluciones innovadoras. (N.A.: Siempre y cuando no se trate de “gatopardismo”: movamos todo para que no cambie nada!)

3. Cuando esto sucede los componentes del sistema vivo se auto-organizan y emergen nuevas formas organizativas.

4. Los sistemas vivos no pueden ser dirigidos por una senda lineal, lo imprevisto es inevitable.

Los líderes adaptativos que tienen en cuenta estos principios permitirán que las organizaciones se desarrollen y prosperen en el mundo complejo.

¿Usted está CONECTADO y acepta la DIVERSIDAD?

Un líder conectado con la gente es vital para la gestión innovadora. La manera más efectiva es trabajar con ellos, escucharles e informarles. 
La diversidad es otro factor crítico, debiendo entenderse como una ventaja y no como un obstáculo el hecho que dos empleados tengan una visión completamente distinta del mundo. Lo que debe de hacer el líder es conectar estas visiones manifiestamente opuestas. Menudo trabajo para el que la mayoría no está preparada.

¿Es usted un líder adaptativo?

El modelo de liderazgo llamado “Modelo del sentido común”, describe el entorno profesional de un modo que establece fronteras claramente delimitadas entre los distintos niveles de incertidumbre. 
Hay un espacio conocido. Es el espacio de los procesos, procedimientos comunes (la “Arena” de la Ventana Johary).

Hay un espacio por conocer.  Las resultantes pueden deducirse pasado un tiempo. También es el espacio del “uy, voy a meter la pata”.

Y hay un espacio caótico. “Cómo no me di cuenta que esto podía pasar”. Estar en este dominio no es cómodo y puede conducir a altos niveles de estrés. Sin embargo, si se gestiona bien, la organización puede salir beneficiada.

Conclusiones

Las lecciones aprendidas de la naturaleza y en concreto de los sistemas adaptativos complejos demuestran que para que las organizaciones sean más ágiles e innovadoras, los líderes adaptativos del futuro deberán acostumbrase a surfear al borde del caos y desarrollarse en la incertidumbre.


Lic. María del Carmen ALBAREDA
Licenciada en Psicología
Capacitadora en Factores Humanos
mdelcalbareda@yahoo.com.ar

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