miércoles, 25 de febrero de 2015

[Lic. Albareda] “¿Soy un Sistema Abierto o Cerrado?”

Lic. Albareda
En la Columna anterior vimos cómo el hecho de vivir significa estar “surfeando al borde del caos”.
Y eso significa que la vida se nos desorden para luego encontrar formas nuevas y CREATIVAS de ordenamiento.
Lo estático, lo siempre igual, paraliza. Y más en épocas de cambios vertiginosos.
Entonces, ¡A surfear se ha dicho!

Lo esperable no es vivir en un mundo alocado, sino con una dinámica de búsqueda de NUEVOS EQUILIBRIOS, donde las tensiones tiendan a reducirse a cero.

Desde este lugar, podemos aplicar el concepto de ENTROPÍA.
(En este momento Ud, querido lector, deberá ir a Google y buscar la definición. Esta Columna está para otra cosa…!)

El hijo de Pedro Dynamo tiene fiebre. Si no hace nada, la temperatura podría continuar subiendo hasta provocar una convulsión. Esto es ENTROPÍA POSITIVA. Positiva porque cumple a rajatabla la esencia de su proceso. ¿Qué hace Pedro Dynamo? Aplica un antitérmico. O sea, produce un corte. Pone un STOP. Corta el proceso. Genera ENTROPÍA NEGATIVA.

La ENTROPÍA POSITIVA

Se identifica como pulsión de muerte, de destrucción del sistema.
Es la aparición de un desorden en el sistema (y no de un nuevo orden).
A mayor repetición de lo mismo, mayor inercia.

La ENTROPÍA NEGATIVA

Es pulsión de vida. Es poder surfear interponiendo herramientas de gestión dúctiles al cambio. A los cuales debemos acomodarnos, decirles ¡Sí!

Cuando Lucía Lapunta está muy enojada, decide no responder de inmediato. Sabe que detrás de la primera palabra vendrá una catarata imparable de reproches. Y terminará diciendo todo lo que no quería. Se verá sobrepasada por las emociones. Es como una avalancha en la montaña. Termina destruyendo un pueblo.

Los SISTEMAS CERRADOS responden a ENTROPÍAS POSITIVAS: repiten siempre lo mismo, sin advertir la bancarrota.

Los SISTEMAS ABIERTOS son capaces de recibir información, transformar, modificar, realizar equilibrios (a veces inestables, pero equilibrios al fin), viven cambiando sin perder su identidad, integrando diferencias. Aceptan las contradicciones, se obligan a pensar criterios (y no tirar bombas por doquier), están en una autoorganización permanente.

¿Es fácil? ¡No! Pero creo que no nos queda otra.

Y –como siempre- este contenido puede aplicarse al hijo de… al matrimonio de… a su propia oficina, a la TWR de… a la organización que lo emplea o al país en el que vive.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
Licenciada en Psicología
Capacitadora en Factores Humanos
mdelcalbareda@yahoo.com.ar


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