miércoles, 29 de abril de 2015

Columna de la Lic. María del Carmen Albareda ¿Suicidio sorpresa?

Colaboran con sus miradas en la columna de hoy
  • Stella Palma, 
  • Joaquín Gastiazoro, 
  • Mariana Fernández 
  • Alicia Valente.


Stella  Palma (1)


Andreas Lubitz ¿estaba loco? ¿era psicótico? A la vista de los acontecimientos, nos inclinaríamos más por el sí que por el no. Decidir estrellar un avión en el que aparte de él mismo viajan 150 personas más, esperando el momento exacto en que aparece la oportunidad, en un lugar previamente visitado para poder hacer los cálculos necesarios y lograr una acción exitosa, es decir, premeditado largamente. Y nada lo hace dudar, ningún pedido, súplica o gritos de terror. Nada que haga detener esa acción, en fin, suena, cuanto menos, escalofriante.
De todos modos, la cuestión principal no es si finalmente era psicótico o no, sino las propias condiciones subjetivas para poder soportar esto. Psicóticos hubo y hay.  Quienes han colaborado con el saber y el progreso de la humanidad como Touring, creando los principios de las computadoras; John Nash, premio Nobel de economía; Witgenstein, filósofo; Rousseau; Van Gogh; James Joyce y tantos otros.

¿Qué hacer?

Por eso, lo más importante de investigar son las herramientas que cada sujeto tiene para poder lidiar con la locura. Sus elecciones, sus encuentros en la vida. Y eso sí puede saberse con claridad en un pequeño número de entrevistas donde haya una escucha calificada para ello.
Hablo de una escucha psicoanalítica, que es lo que puede permitir dilucidar la fortaleza o debilidad de un sujeto para lidiar con su locura.
Es un riesgo muy grande dejar la selección de personal a quienes cuentan sólo las conductas observables y medibles, la estadística y los genes, utilizando el positivismo y el biologicismo y dejando de lado una escucha que puede ir un poco más allá de lo observable en la conducta.
Sabiendo que siempre hay algo que lo podemos llamar factor humano y que puede fallar, siempre hay métodos que permiten reducir notablemente ese riesgo a su mínima expresión.
Por eso la próxima vez que viaje en avión me encantaría saber que mi piloto se analiza o al menos haya hecho algunas entrevistas que permitieran un diagnóstico claro.

Joaquín  Gastiazoro (2)


Enfocar el suicidio -en el caso de las tragedias aéreas- desde el punto de vista psicoanalítico es pensar en la constitución psicológica que cada piloto trae como bagaje, con lo que enfrenta las presiones superyoicas provenientes de la institución aeronáutica,  que reflotan conflictos psíquicos fundantes del psiquismo, los cuales se resignifican y "metaforizan" en el andar cotidiano.
El factor fundamental, el más vulnerable y el menos predecible de la navegación aérea, es, fue y seguirá siendo el factor humano. Más allá de los sistemas de seguridad innovadores que se apliquen es el sujeto, a fin de cuentas,  quien tiene la responsabilidad y la potestad de operarlos o no.

La paradoja

Ser el eslabón más inestable de la cadena, quien debe soportar mayor presión, acentúa la vocación de seguir trabajando en el campo de los factores humanos dentro de la navegación aérea, haciendo foco en la singularidad de cada sujeto, en lo que “dice” el sujeto “sin saber que lo dice”, en eso que “de cierta manera se oculta”.

OACI (Organización Aviación Civil Internacional) señala que un 60 por ciento de los pilotos que sufren algún tipo de depresión decide volar sin comunicarlo, quizás alienados subjetivamente por esa instancia superyoica que es la compañía aérea. Y no sería disparatado, a mi entender, trazar algún paralelismo con lo que sucede en los controladores de transito aéreo.


Mariana Fernández (3)


Me impresioné terriblemente con la noticia del supuesto copiloto suicida. Y es que esas palabras en la misma oración parecían un error gramatical. El recuerdo me llevó automáticamente a esa noche del 5 de octubre, cuando en la llamada de un compañero, controlador de tránsito aéreo y suicidio se asimilaron a la lingüística, una vez más.
Las entradas en la web, para suicidio, inundan la pantalla con sinónimos de depresión, enfermedad psíquica, factores de riesgo y estadísticas varias. En definitiva, el suicidio (del latín, etimología sui: sí mismo y caedere: matar) es un hecho humano transcultural y universal, presente en todas las épocas desde el origen de la humanidad. Castigado y perseguido en unas épocas, tolerado en otras, las distintas sociedades han mantenido actitudes enormemente variables en función de sus principios filosóficos, religiosos e intelectuales. (Bobes García, González Seijo y Saiz Martínez, 1997).

Durante la antigüedad clásica, el suicidio de personas con enfermedades incurables era visto como una necesidad, prevalecía la idea de que quién no era capaz de cuidar de sí mismo, tampoco cuidaría de los demás. Fue recién en el siglo XIX cuando se perdió ese sentido de socialización: la muerte fue liberada pasando al dominio privado, el occiso era velado en la casa, sepultado en familia, y, en ese sentido, la muerte pasó a depender cada vez más de la voluntad del individuo. Para Jasper y los filósofos existencialistas, el suicidio es la expresión máxima de la dignidad humana y es la forma del hombre de expresar su libertad.
Hoy y ahora, el suicidio es tabú, no nos educaron en la idea de la muerte, y mucho tiene que ver que las creencias religiosas predominantes siempre lo han considerado una conducta reprochable.
Curiosamente, el suicidio no aparece en el glosario de la American PsychiatricAssociation y no es considerado como un trastorno mental ni para la CIE-10 ni para el DSM-IV, pero es un grave problema social que pone en evidencia el quiebre, tanto en personas (de índole biopsicosocioespiritual) como en las comunidades: exclusión social, debilidad de las tradiciones, pobreza económica, falta de apoyos sociales, etc. (García Alandete, Gallego-Pérez y Pérez-Delgado, 2007).
Cualquiera sea el motivo, el suicidio es frecuentemente un acto impulsivo provocado por un agudo e impredecible incremento en la ansiedad y desesperación que uno no puede prever con antelación.

El suicida

Por eso, sin más preámbulos, las personas que cometen suicidio desean morir. Así nomas. Claro, a todos "nos superan" la emociones o situaciones difíciles de vez en cuando. Pregunta obligada ¿Qué es lo que hace que determinadas personas sean más flexibles y resistentes (más capaces de afrontar los reveses y dificultades que les plantea la vida) que otras? ¿Qué es lo que determina que una persona no sea capaz de ver otra salida a una situación difícil, aparte de poner fin a su vida? Tal vez jamás sepamos por qué X  se quitó la vida, pero podemos estar seguros que su familia y amigos pasarán muchos años preguntándose qué podrían haber hecho para protegerlo. Esto es parte del doloroso legado que deja el suicidio.
Y ahora lo antagónico del caso. Emile Durkheim fue el primero en explorar la influencia del contexto social y cultural sobre el riesgo de suicidio. Menciona que los factores que pueden influir en la conducta suicida son: falta de lazos familiares o relaciones sociales relevantes cuando por adversidad económica o social se rompe el vínculo entre el individuo o la sociedad a la cual pertenece (sí claro, nada nuevo o por lo menos nada que una mente sagaz no pueda dilucidar) 
Postuló que el acto suicida era un fenómeno sociológico, como resultado de una falta de integración del individuo en la sociedad, más que un puro acto individualista, y ¡paremos acá! ¿Cómo? ¿Y los CTA y pilotos qué tienen que ver? Por lo menos eso es lo que me pregunto a esta altura. Porque todo muy lindo y detallado, pero el perfil del CTA y piloto no encajan en toda esta perorata de definiciones.

El militar es eso, uno en mil, y según describe orgullosamente la Escuela militar “las cualidades básicas de esta profesión son la abnegación, el desinterés, el honor, la ecuanimidad, la disciplina, la subordinación, el carácter, la responsabilidad, el espíritu militar, el espíritu de cuerpo, el respeto al derecho de la guerra, y tener un gran espíritu patriótico.”Por otro lado, y no tan otro, AENA nos dice “Se pretende que el controlador (de Tránsito Aéreo) sea una persona madura, con dedicación y sentido común. La comunicación es la parte vital del trabajo del controlador ya que ha de dirigir con precisión a los pilotos y a otros controladores con la fraseología exacta, puesto que no se pueden causar malentendidos sobre, por ejemplo, una altitud o número de pista de aterrizaje en el aeropuerto, lo cual podría tener consecuencias muy graves para la seguridad del sistema de aviación.”

Cada vez entiendo menos…Al final, sin embargo, todos somos iguales. El verdadero pecado del suicidio no es el acto en sí. Es más bien el silencio insidioso y la insensibilidad que rodea las más espantosas enfermedades de la mente que con tanta frecuencia desencadenan el suicidio.
A mí me queda una pregunta, ¿Quién era esta persona antes de intentar contra su vida?

Alicia Valente (4)


Se me ocurrió que antes del vuelo (cuando pasan  desfilando con las valijas) puedo  pegarles una semblanteada, que soplen la pipeta, que muestren una sonrisa y preguntarles por la novia, la mujer, el nene, el padre...porque la verdad es que yo conozco depresivos, pero manejan un auto.
¿Pueden hacer un desastre? Sí, pero estos pilotos igual, que los conductores de subterráneos y trenes, generan un daño muchísimo mayor. Pasado el primer momento del impacto emocional que esto causa, yo, como vos pienso que es un enfermo, que no puede medir las consecuencias de sus acciones. Lo que realmente me preocupa es que hay una juventud muy borderline, con alcohol y droga a la mano, que son muchos más de los que nosotros creemos y suponemos. La salud mental hoy está en jaque sin duda.
Estos lugares de stress permanente y exceso de responsabilidad son inquietantes. Yo también seguiré viajando, y cuando rezo por todos incluyo al piloto-copiloto y torre de control, entre otras cosas. Pero, a partir de ahora, empezaré por ellos, directamente.

Gracias a Stella, Joaquín, Mariana y Alicia por sus colaboraciones. ¡Cuánta responsabilidad para detectar datos, saber observar, saber informar!                                                                 

                                                                               Lic. María del Carmen ALBAREDA
                             Licenciada en Psicología
                                                         Capacitadora en Factores Humanos
                                                          mdelcalbareda@yahoo.com.ar


(1) Stella  Palma
Licenciada en Psicología
Psicoanalista miembro de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis) y de la EOL
(Escuela de la Orientación Lacaniana).
Asesora del IOM (Instituto Oscar Masotta).
Responsable del Ateneo “Psicoanálisis y Ciencia” del ICdeBA (Instituto Clínico de Buenos Aires)

(2) Joaquín  Gastiazoro
Controlador de Tránsito Aéreo,  Aeropuerto Sauce Viejo (Santa Fe)
Cursando Cuarto año de la Licenciatura en Psicología, Universidad Autónoma de Entre Ríos.

(3) Mariana Fernández
Controlador de Tránsito Aéreo, Operador ARO/AIS , PANS/OPS
Licenciada en Psicología
Inspectora de los Servicios de Tránsito Aéreo, Dirección Nacional de Inspección de Navegación Aérea

(4) Alicia Valente
Universidad de Buenos Aires

2 comentarios:

  1. El suicida es un asesino tímido, mata dentro de él a la persona que lo abandonó, al ser amado que se murió (lo vuelve a matar), es decir, que hay proceso de identificación con lo perdido. Mato lo perdido pero ya está dentro mío, me mato yo...

    Por ejemplo, en lugar de matar a la novia que lo abandonó -lo tiene dentro de él a la novia-, entonces, se mata él... Si se queda en el intento es un histérico (ahí no es suicida, es un simulacro, un fallido), el acting, en
    cambio es imparable...

    Duelo y melancolía

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