viernes, 22 de mayo de 2015

La violencia laboral | mobbing

Varios correos electrónicos que me han llegado sobre un tema complicado, el mobbing en su término inglés o acoso laboral en español. Parte de un correo lo transcribo en esta nota.
Me pareció que como facilitador en factores humanos debía hacer un aporte sobre la temática de violencia laboral. Igualmente el tema es grave y complejo, la solución está en romper cadenas y hacer la denuncia correspondiente.
Si algún estamento superior está al tanto de esta situación, en cualquier organización donde exista violencia laboral, deberá tomar el toro por las astas y dar las soluciones necesarias para el bienestar de las personas, lo mismo que los sindicatos. Deberán defender a sus trabajadores. 

Advertencia: Todo parecido con la realidad es mera coincidencia y fruto de la casualidad. Si alguien en ejercicio pleno de su imaginación, reconoce que éstos contenidos se adecuan a determinados personajes, corre bajo su exclusiva responsabilidad imaginativa. No me hagan cargo de lo que pasa por sus cabecitas. Escribo planteando situaciones generales, en un ámbito laboral cualquiera.

Asimismo, quiero recordar que los contenidos aquí tratados forman parte del curso y taller presencial "Riesgo Biopsicosocial en el Ámbito de Trabajo", que impartimos en ISEA – Educación Aeronáutica Online ( www.isea-virtual.com ). 

Para poder comprender el concepto de violencia laboral, primero hay que definirlo y delimitarlo, no se puede meter todo dentro de la misma bolsa.

Según la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral (OAVL) del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, se entiende por violencia laboral:

La acción que es ejercida sobre el trabajador, atentando contra su dignidad, integridad física, sexual, psicológica o social, mediante amenazas, intimidación, maltrato, persecución, menosprecio, insultos, bromas sarcásticas reiteradas, discriminación negativa, desvalorización de la tarea realizada, imposición, inequidad salarial, desatención de las necesidades y de los derechos, prohibiciones reiteradas, traslados compulsivos, acoso y acoso sexual propiamente dicho.

La violencia laboral implica a todas aquellas acciones que, durante un tiempo prolongado, afectan la dignidad del trabajador, su derecho a no ser discriminado, el respeto de su honra y su integridad física, psíquica y moral. Es un fenómeno que se conoce a  nivel mundial con el término "mobbing", traducida como "ataque, atropello" que no es lo mismo que bowling (bullying: Acoso escolar) como expresara una pensadora contemporánea, que se identifica como Griega. 

Volviendo a la seriedad del tema. El origen del término mobbing, en inglés, se refiere a la conducta de los animales de arrinconar al más débil del grupo. Por supuesto, esta acción es intencional. El mobbing nunca se da por casualidad, es una acción voluntaria realizada por una o mas personas en contra de otra.
Por lo general este tipo de maltrato, se manifiesta a través de ataques permanentes contra la persona, persecuciones tendientes a provocarle aislamiento; pérdida de la autoestima; descalificación; desmerecimiento; violación de la intimidad; difamación; supresión de derechos; intimidación; discriminación; falsa denuncia; afectación a tareas irrelevantes, nulas o sobrecarga de tareas; intromisión en la computadora; hostigamiento; afectación económica; utilización de influencias e indiferencia a sus reclamos y solicitudes, y gran cantidad de etc.

También es muy importante recordar que para que haya maltrato laboral, necesariamente tiene que haber como mínimo un maltratador y un maltratado. Básicamente existen tres tipos de violencia laboral:
  • Agresión física: toda conducta que directa o indirectamente esté dirigida a ocasionar un daño físico sobre el trabajador.
  • Acoso sexual: toda conducta o comentario reiterado con connotación sexual basado en el poder, no consentido por quién la recibe.
  • Acoso psicológico: situación en la que una persona o grupo de personas ejercen un maltrato modal o verbal, alterno o continuado, recurrente y sostenido en el tiempo sobre un trabajador buscando desestabilizarlo, aislarlo, destruir su reputación, deteriorar su autoestima y disminuir su capacidad laboral para poder degradarlo y eliminarlo progresivamente del lugar que ocupa. 
Como escribe George Orwel en 1984: "Winston es obligado a reconocer que un enunciado evidentemente falso como 2+2=5 es en realidad verdadero (…) Winston acaba, tras largos e inhumanos meses, aceptando interiormente que la verdad es lo que el partido dice y no lo que su intelecto deduzca, o ni siquiera lo que sus sentidos perciban. (…) Al final Winston reencuentra a Julia, (...) pero ambos son incapaces de mantener en sus mentes alguna sensación de cercanía y se separan como dos extraños; se indica entonces que la finalidad se había cumplido pues de hecho el amor entre Winston y Julia ha desaparecido, reemplazado por el amor hacia el Gran Hermano, único sentimiento afectuoso tolerado por el régimen". Cada uno podrá reemplazar a Gran Hermano con el nombre que quiera. 

Vuelvo a aclarar. Todo parecido con la realidad es mera coincidencia y fruto de la casualidad. Si alguien en ejercicio pleno de su imaginación, reconoce que éstos contenidos se adecuan a determinados personajes, corre bajo su exclusiva responsabilidad imaginativa.

Características de un ambiente de trabajo violento


Los ambientes de trabajo violentos, se caracterizan fundamentalmente porque existe un menosprecio sistemático de la condición humana de los trabajadores y por supuesto de la condición profesional de los mismos. Parafraseando al psicólogo norteamericano Philip Zimbardo, la persona deja de ser considerada como tal ante los ojos de quien ejerce la violencia en su contra, porque es deshumanizada hasta que cualquier cualidad humana es reemplazada por adjetivaciones de tipo peyorativas, o estigmas que tienden a degradar su condición: “¡es un traidor!” entendiendo como traidor al que no acepta sin condicionamiento alguno los deseos desbordados o no del acosador, “¡es una mentirosa!”, para pasar luego, directamente al “¡son una mierda!” La obediencia y el apoyo son una misma cosa.

Dante Alighieri, en la Divina Comedia escribe: "La injuria es el fin de toda maldad que se atrae el odio del cielo, y se llega a este fin, que redunda en perjuicio de otros, bien por medio de la violencia, o bien por medio del fraude". En este caso tomamos la violencia.

Los logros y competencias profesionales no solo son ignorados, sino que son arrebatados (robo de autoría, desacreditación permanente, desautorización, incitación al anonimato, descalificación sistemática, etc.) y hasta la revocación de contratos laborales, utilizados éstos como forma de presión  o de venganza, cuando es imposible ignorar las condiciones profesionales de una o varias personas por su transcendencia más allá del ámbito específico del lugar de trabajo. Por lo que hay que sacarlos, hacen sombra. 

La descalificación constante de la opinión divergente se convierte en un deporte, los puntos de vista diferentes son tomados como meras traiciones, el debate crítico una afrenta personal y el conocimiento y experiencia de las víctimas de maltrato son despreciados. 

En situaciones normales y dentro de instituciones saludables, la heterogeneidad, el eclecticismo y la diversidad son consideradas fundamentales para el desarrollo profesional, para el enriquecimiento de la propia cultura de la organización y para la estructuración fortalecida de todos los ámbitos, procedimientos y procesos, fortalecimiento pocas veces alcanzado por otros medios. 

Pero en un ambiente violento y nocivo, toda opinión fuera de los parámetros esperados se transforma en el disparador de actos de discriminación y segregación.

Los ambientes de trabajo violentos se caracterizan por los altos índices de rotación de su personal. 
Todos los que puedan huir, lo harán.

Esto puede entenderse de dos maneras. Primero, mediante la necesidad compulsiva e histérica de cambiar permanentemente el orden de las cosas (las personas también están incluidas en esta clasificación porque han sido cosificadas), es decir no solo se cambian los grupos y sus integrantes a ritmos cada vez más acelerados sino que también se cambia la distribución de los puestos de trabajo de igual manera. Por ejemplo: Si alguien hizo un curso de tarjetería española por correo, hoy pasa a ser ungido como especialista en física nuclear, mañana será vocero del programa internacional en defensa del derecho de los pilotos divorciados y pasado mañana condenado a la hoguera por hechicera, para volver a resurgir como el Ave Fénix, en el próximo eclipse de sol.

Cualquier estudio serio, puede demostrar que otra característica de estos ambientes de trabajo está determinada por los altos índices de ausentismos y llegadas tardes por razones médicas.

En un ambiente de trabajo hostil, donde el maltrato se ha convertido en parte de su estructura, es decir que se ha enraizado de manera tal que todos saben que está, que todos pueden percibirlo en el ambiente, que todos hablan de ello pero que nadie hace nada al respecto, la violencia es psíquica y social porque se manifiesta como una hostilidad continua y repetida en forma de insultos, hostigamiento psicológico, desprecio y crítica. Por ejemplo, mediante cambio de funciones u horarios; sobrecarga de trabajo; demanda de una tarea para la que esa persona no está capacitada; indicaciones contradictorias; sanciones injustificadas; constante bloqueo de iniciativas de interacción generando aislamiento en el trabajador; prohibición de hablar con compañeros; promoción del complot sobre el subordinado; ejercicio de cambios reiterados de oficina o lugar de trabajo para separarlo de su grupo cercano; obligación de realizar tareas denigrantes; corrección o rechazo permanentemente las tareas realizadas; juzgamiento de manera ofensiva su desempeño; asignación de tareas sin sentido con el fin de humillar; encargo de trabajos imposibles de cumplir u obstaculización de la tarea para que no pueda ser llevada a cabo; amenazas de despidos o afectaciones económicas sin fundamento real; etc. 

De igual manera, cuando la violencia laboral se ha enquistado en una organización o en una parte de ella, ocurre un proceso que desde cualquier punto de vista es fácilmente entendible: la mediocrización sistemática. Esta se da precisamente porque los profesionales, especialistas y demás personal calificado, si tienen la posibilidad de hacerlo, huyen despavoridos hacia otros destinos dejando vacantes puestos y cargos que son claves para el adecuado funcionamiento de la organización y que no pueden ser cubiertos por los pocos entendidos que quedan, ya que por lo general estos son los destinatarios del acto violento y a los que se les niega toda posibilidad de acción. 

Textual de uno de los correos que he recibido “El clima es siempre tenso, el aire puede cortarse con cuchillos, se percibe una mala onda generalizada, que se ve reflejada en las caras compungidas de la mayoría. Los rumores y radio-pasillos son parte del mecanismo de defensa más común en estos casos. La gente se pasa horas y horas hablando neuróticamente de lo mismo, reciclando la queja, como diría un amigo que de esto sabe y mucho, desde momentos de absoluto silencio y congoja hasta momentos de una algarabía casi maniática, en donde gritos y risotadas son el denominador común, fiel reflejo de una manifestación histriónica de una angustia, que muchas veces no puede ser canalizada saludablemente. En definitiva, como diría el pequeño Cole en la película Sexto Sentido: “veo gente muerta!”

El maltratador busca aislar a la víctima del grupo y termina generándose un silencio deliberado de los compañeros hacia la persona acosada. Se convierten en cómplices no intencionales pero partícipes de la violencia ejercida. 

El maltratador laboral suele rodearse de otros personajes de similares características (o calaña, para mejor comprensión del lector), que hacen las veces de "capos", que amparados en el discurso de la fidelidad incondicional, que no es otra cosa que una demostración de pleitesía patológica se dedican a hostigar directamente a las víctimas de maltrato y a instigar a otras a hacer lo mismo, aunque estos no tengan la menor idea de cuál es el color de la bandera que portan orgullosos. Sería algo así como “Todos le pegan. ¡Peguémosle entonces!” La figura del "capo" la describe muy bien Viktor E. Frankl en su libro, El  hombre en busca de sentido: Claro está que los "capos" se elegían de entre aquellos prisioneros cuyo carácter hacía suponer que serían los indicados para tales procedimientos, y si no cumplían con lo que se esperaba de ellos, inmediatamente se les degradaba (...) el proceso para seleccionar a los "capos" era de tipo negativo; para este trabajo se elegía únicamente a los más brutales (...) para elegir a aquellos que debían ejercer la función de "capos" y en la que es fácil comprender que, a menudo, fueran los individuos más brutales y egoístas los que tenían más probabilidades de sobrevivir, a esta selección negativa, pues, se añadía en el campo la selección positiva de los sádicos.

El establecimiento de una mala burocracia interna para tener control sobre todas las actividades que desarrollan las personas, no como ordenamiento lógico, sino como una especie de Gran Hermano para volver a Orwel. La filósofa Hannah Arendt, describe muy bien a la burocracia negativa en su libro Eichmann en Jerusalén : Un estudio sobre la banalidad del mal, de recomendable lectura: 

la burocracia o dominio de un complejo sistema de oficinas en donde no cabe hacer responsables a los hombres, ni a uno ni a los mejores, ni a pocos ni a muchos, y que podría ser adecuadamente definida como el dominio de Nadie. (Si, conforme el pensamiento político tradicional, identificamos la tiranía como el Gobierno que no está obligado a dar cuenta de sí mismo, el dominio de Nadie es claramente el más tiránico de todos, pues no existe precisamente nadie al que pueda preguntarse por lo que se está haciendo. Es este estado de cosas, que hace imposible la localización de la responsabilidad y la identificación del enemigo, una de las causas más poderosas de la actual y rebelde intranquilidad difundida por todo el mundo, de su caótica naturaleza y de su peligrosa tendencia a escapar a todo control, al enloquecimiento.)” 
La burocracia pasa a ser el camino que una persona debe transitar a la nada. Pasar de escritorio en escritorio, de box en box, buscando a quien preguntarle por lo que se esta haciendo. Esto es degradante.

Finalmente, la característica más palpable de un violento laboral, es la de la negación compulsiva de absolutamente toda culpa y cargo, “pero soy una buena persona. No entiendo porqué dicen esas cosas de mi. Pero si yo estoy dispuesto a escuchar los problemas de todos. Las puertas están abiertas para todos mis empleados” y otras veces solo es una herramienta estratégica utilizada para desacreditar a las víctimas y para tratar a duras penas de convencer a “los de afuera”, expresión que generalmente va acompañada de un “acting” de victimización que se despliega ante la mirada de quienes piden explicaciones. 

Vuelvo a aclarar y es la última.  Todo parecido con la realidad es mera coincidencia y fruto de la casualidad. Si alguien en ejercicio pleno de su imaginación, reconoce que éstos contenidos se adecuan a determinados personajes, corre bajo su exclusiva responsabilidad imaginativa.

Para finalizar cito nuevamente a George Orwell en su maravilloso libro 1984:

Carecía de toda importancia lo que un individuo sintiera o dejara de sentir, lo que hiciera o dejara de hacer. En cualquiera de los casos, llegado el momento, el individuo se hundía en el mundo de las sombras  sin que nunca más se supiera de él o de su vida terrenal.  De un manotón se le excluía del proceso evolutivo de la existencia. (...) Vivían sujetos a los conceptos de una lealtad a guardarse entre las personas, sin poner esos conceptos en tela de juicio. (...) Los plebeyos, caviló Winston, se mantienen fieles a esos conceptos: no son leales a una patria, a un partido, a una idea, sino leales entre sí.

Para los que estén interesados en esta temática, sugiero visitar la página de ISEA (www.isea-virtual.com) para interiorizarse sobre los cursos y capacitaciones relacionadas o aguardar a la publicación de mi próximo libro, Factores Humanos y Seguridad Operacional, de Editorial Tecnibook, que está próximo a salir, en el que se tratará este y otros temas con mayores detalles.   


Namasté
Roberto Julio Gómez


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