miércoles, 27 de mayo de 2015

Lic. Albareda | La sin nombre

Lic. Albareda
La “Sin nombre” no es una zamba, ni una estancia de la provincia de Bs.As., ni se debe a mi falta de creatividad para ponerle nombre a la Columna de este mes.

La “Sin Nombre”  refiere a una sociedad, no tanto carente de normas sociales, sino más bien por su degradación. O sea, cuando decimos, en el colmo de la sorpresa: “¡Esto ya no tiene nombre!”

Un señor llamado Emile Durkheim lo denominó ANOMIA (a-nomia, o sea, sin-nombre) a este menosprecio por la normatividad, a esta “locura” social. 

Durkheim sostenía que cuando se borran los límites, los deseos y las pasiones se vuelven desmedidos. Comienzan a aparecer conductas que los psicólogos llamamos “acting out”.

De nada sirve pedir leyes más severas si quienes deben aplicarlas (madres, padres, maestros, profesores, guardas, instructores, supervisores, directores, jefes, jueces…) no están convencidos de la necesidad de esa severidad, o flexibilizan de tal manera que ya no se reconoce el límite entre justo-injusto, y mucho menos, si la gente -a quien formamos- no tiene la necesidad de ajustarse a la norma. 
Pasamos de una simple avivada del ring- raje, a falsificar un documento (el Boletín, ¿por qué no?), trasponer fronteras con valijas “muy” pesadas, tirar gas pimienta en la cara de otro humano (no importa si la franja de la camiseta es horizontal u oblicua), romperle el auto al que estacionó en la bajada de la vereda; someter, sojuzgar, violar y miles de ejemplos, instituyéndolo como una cultura fuertemente arraigada que sólo conduce a la desorganización social.


Los humanos somos impredecibles (por eso somos “Factores”)

En TV aparecen personas llorosas gritando “¡Justicia, justicia!”, mientras muestran la foto del delincuente pasible de ser linchado por el odio popular. 
A la semana –ya detenido y esposado- vemos a otro grupo gritándole a la Policía “Soltalo,  si es del barrio, es de los nuestros”. En mis Cursos de Capacitación lo trabajo como COMPLACENCIA.
Y unos meses después –camino a Comodoro Py-  otras ó mismas personas- pidiéndole un autógrafo (“Es que ese rodete lo hace tan cool”).
Y ni qué decir cuando el malandrín está en su casa, escondido detrás de un sofá y las fuerzas ad hoc entran a detenerlo. Ahí aparecen la madre, la abuela y hermanas sacando a sartenazos y sopapos a los Policías al grito de: “El nene no hizo nada ¿De qué lo culpan, pobrecito”.

¡Qué casualidad! El pobrecito aparece nuevamente en TV, pero esta vez colgado de un alambrado arrojando objetos contundentes y partiéndole la cabeza a otro congénere que lo único que hizo en su vida fue decidir jugar al fútbol cuando tenía once años.

¿Alguna foto de nuestra realidad en un Estadio, en la calle, en nuestras aulas, en las oficinas, en todos nuestros ámbitos de vida y trabajo?

Cual es el verdadero problema


Que el cumplimiento no es percibido como obligatorio, que la norma se estiró como un chicle y se genera un estado social de crispación y ansiedad debido a la falta de límites. 
Que somos corporativos y defendemos a “los nuestros”, no importa qué hayan hecho.
Que los que mandan se cansan y los que transgreden se afianzan.

Los vivientes necesitamos límites, si tenemos 5 años ó 60 años

Todo ser vivo pide marcos de referencia, encuadres, lo denominado en el barrio “Marcar la cancha”, o “Ponele un tutor al rosal”, o “Enseñale a Kitty a hacer pis en las piedritas”.      
Vale para humanos, animales y plantas. O sea, todo ser vivo que, por su esencia al movimiento y acomodación, necesita un LÍMITE.
Kitty lo entendió y jamás hizo pis fuera de su bandeja sanitaria. 
Al humano le cuesta mucho más, porque impone su personalidad, su deseo, su necesidad de poder, su revancha social.

Cuando Juan Ciro comienza a revolear juguetes y deja de compartir, Matías lo separa de la situación, lo lleva a otro lugar y le habla. Lo descontextualiza, le enseña a proceder de otra manera, le muestra la importancia de vivir en un entramado social, CON los otros. 
Al que enseña, o dirige, o gobierna le cuesta y desgasta, pero no tiene otra opción. 


Es más, sucede que quien cumple la norma puede ser mirado de reojo, tildado de “nerd” o de… (En este ámbito no puedo decirlo), por cierta parte de la sociedad.

El piola transgresor, el que actúa por izquierda, hasta puede llegar a ser objeto de admiración. El problema se da cuando cada vez son más los que actúan”laissez faire”, o sea, “no te calientes, si todos hacen lo mismo” 

¡NO, yo NO!

El límite ordena, el diálogo claro colabora.

Mi profesora de inglés me decía: “El límite ayuda a crecer. Los chicos crecen sobre la cabeza de los padres. Estos tienen que estar muy firmes”.

Leyes, CUMPLIMIENTO, Contrato Social, Cultura del Orden, Disciplina, suena a palabras huecas, faltas de contenido. Y ¡ojo! si digo: Sanción, pueden tildarme de dictadora.

Y, ante la anomia, lo que prevalece es el “acting out”, las conductas primitivas, de pura reacción (el lóbulo frontal se anula, se bloquea, queda stand by). 

Qué puede hacerse


Dejar la inmediatez de “hago lo que quiero y cuando quiero”, intentemos trabajar sobre la famosa “tendencia a la repetición” de la que hablaba papá Freud (si lo hice una vez, nadie me vio y me produjo placer, entonces lo repito. Le doy “Enter”, lo mando al inconciente y ya lo hice carne de mi carne).

Y esto, ahora, cae por su propio peso

¿No hago check list? ¿Para qué un briefing de 10 minutos, si con sólo mirar la pantalla me doy cuenta de lo que ocurre? ¿La tendencia al suicidio? ¿La naturalización de matar al otro, al que no piensa como yo? ¿El desafío al peligro, aún arriesgando la vida? ¿Hago lo que me genere adrenalina y ni lo pienso? ¿Doy permiso de despegue con otro en final? ¿Para qué relevar con antelación, si “todos” llegan tarde? ¿Trabajo en equipo: qué es eso? ¿Un Curso de Factores Humanos? Vamos, lo importante es lo técnico no la pavada humanística. 
Me distraje y crucé un tránsito en despegue, no me di cuenta cual era la pista en uso. 
El que grita sabe más y se impone mejor.

¡¡¡MUY PELIGROSO!!!

Pero…ojo:
“LAS BAYONETAS SIRVEN PARA MUCHAS COSAS,
MENOS, PARA SENTARSE SOBRE ELLAS”


Debemos tener cuidado por nuestras acciones individuales y saber defender el entramado social.

Soy responsable por mí, pero también por los otros.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                                                         Psicóloga
Capacitadora en Factores Humanos
mdelcalbareda@yahoo.com.ar

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