miércoles, 28 de octubre de 2015

Lic. Albareda | “Modernidad líquida y fragilidad humana”

Lic. María del Carmen Albareda
La modernidad líquida  (Zygmunt Bauman)  es una figura del cambio y de la transitoriedad. 

Los sólidos conservan su forma y persisten en el tiempo, es lo que permanece estable, repetitivamente. Por otro lado, los líquidos son informes y se transforman constantemente, refiriéndose a lo que fluye y cambia.

Así ocurre con la desregulación de los mercados, la aparición de los “corralitos económicos”, la crisis geopolítica de Europa incapaz de afrontar la afluencia fenomenal de refugiados Sirios, la inestabilidad imperante en los comportamientos de los humanos, etc.

La modernidad líquida describe las contradicciones de las relaciones humanas por la falta de referentes a los cuales anclar las certezas y a desconocer a los mismos cuando hacen su aparición y nos ponen límites. ¿Bauman habrá sabido de los argentinos? Es el miedo a establecer relaciones duraderas y lazos solidarios, considerando que es mejor desvincularse rápido ya que los sentimientos pueden crear dependencia.

Peter Sloterdijk, por su parte, dice que los sujetos  viven en forma de espuma, aglomerados en múltiples celdillas, aisladas, permeables, pero sin efectiva comunicación, relacionándose superficialmente y en constante movilidad, expandiéndose o retrayéndose. 
Aislado de ese modo, el ser humano va perdiendo territorio propio, apareciendo conductas de desaprensión por lo que se constituye como “espacio público”, por el cuidado del otro, el qué me importa si no es mío. En fin, que “lo de todos, no es de nadie”.
Queda subsumido en lo colectivo, no se siente dueño de nada y mengua el sentido de responsabilidad, aún para el propio cuidado. Por lo tanto, Sloterdijk  habla de una adicción a la seguridad, a refugiarse en lo propio y cuidarlo obsesivamente con murallas, alarmas, candados y rejas, pero siempre inseguros y desoyendo la voz del afuera.
“Iluminemos” algunas conductas humanas a la luz de estas teorías. En el Blog, Roberto, ya nos alertaba sobre los tres minutos que pueden salvar una vida y cómo los gestionan  algunas personas.

Historias de pasajeros

Al ver las fotos del avión de British Airways, Vuelo 2276, que al abortar el despegue sufrió el incendio de una de sus turbinas el pasado 8 de septiembre en Las Vegas, observé a las personas evacuadas transportando objetos personales de distinto tamaño, peso e importancia.  

Una de dos: o el procedimiento de evacuación se manejó con tal nivel de relax y serenidad que nadie advirtió el peligro que representaba la columna de espeso humo negro que provenía de la raíz del ala o la gente es esencialmente “líquida”, desaprensiva, ajena a lo externo.

Se conjuga con una necesidad de desafiar, de vulnerar, de hacer oídos sordos al límite, a lo estatuido, a lo mandado o demandado. Viejas rebeldías adolescentes que afloran ante cualquier grieta que encuentran. Esto proviene de lo subconsciente, porque desde lo consciente, la mayoría estaría conteste en acceder al procedimiento que le protege la vida.
Pero no, somos líquidos, frágiles, aislados en pequeñas celdillas de espuma, ajenos a lo obligatorio. 

“¿Quiénes son estos para decirme si debo o no levantarme del asiento cuando el avión ya aterrizó? Yo me levanto cuando quiero. Su obligación era transportarme, ya aterrizamos, ahora yo soy dueño de mi vida”

Si me dicen que no destine tiempo a buscar pertenencias, también me rebelo. Y no hablo de la cartera con los documentos. ¡No! Hablo del bolsito guardado en el overhead bin, (el compartimento superior para equipaje de mano).  Allí atesoro los lápices con orejas de Mickey que traigo para los niños de la familia y las remeras de GAP y otros objetos de “semejante”  valor, dignos de ser depositarios de mi atención en el momento de la evacuación de la aeronave ante la posibilidad de incendio y riesgo de mi propia vida. 

No llego a darme cuenta de lo importante, porque estoy atenta a los vasitos de princesas para mis nenas, interfiriendo el paso del resto del pasaje que pretende acceder rápidamente a los toboganes de evacuación. ¡Que esperen!

Historias líquidas aeronáuticas

Recursos Humanos: No presentaste el certificado médico.
Controlador: Uy, sí, tenés razón. Para mañana te lo traigo. (Como si fuera un favor personal al Supervisor o a la señora de Recursos Humanos) Y así pasan semanas…

Jefe de TWR: Muchachos, está publicado el Curso de XX en el CIPE. Sería conveniente que tal, tal, y tal vayan a hacerlo.
Operativo: No me fastidien con la capacitación. Hace veinte años que controlo y nunca tuve un accidente. Aquí estoy bien, no me hagan ir a Bs. As. Todas las tardes termino el turno y me voy con mi esposa a tomar unos mates a la orilla del mar. (Soy testigo presencial de este diálogo)

Organización: capacitación gratuita en idioma inglés para todos.
Destinatarios del Curso: Cric…cric…cric…


  Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                                           Psicóloga
                                                                                             Capacitadora en Factores Humanos
                                                                                               mdelcalbareda@yahoo.com.ar


Bibliografía:

BAUMAN, Zygmunt, Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores, Paidos, Barcelona, 2007.
SLOTERDIJK, Peter, Esferas Espumas, Editorial Siruela, Barcelona, 2005                                                                               

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