miércoles, 24 de febrero de 2016

Lic. Albareda | Entrenando emociones

Lic. Albareda
¿Nos sentiríamos mejor si entrenamos las emociones?
¡Desde luego! No somos conscientes de cómo nos afectan: generando síntomas físicos,  en la manera de relacionarnos con los demás, en el estilo de toma de decisiones.

Las emociones ¿pueden entrenarse? 
Claro que sí. Las emociones se consolidan como una reacción instintiva. Pero, se las “entrena” reconociéndolas “estoy sintiendo ira o angustia o ansiedad o…”, poniéndoles un nombre y trabajando para autorregularlas.  

Es importante generar y potenciar estados emocionales positivos, ya que tenemos una tendencia natural a magnificar y recordar lo negativo, hasta cinco veces más que lo positivo. Los Supervisores, los Profesores, los Instructores, los Jefes, enseñan y contagian emociones en la medida en que sirven de modelos. Aunque no se perciba, son referentes a la hora de resolver  conflictos, evidenciar respeto y confianza, y consolidar un ámbito laboral seguro emocionalmente. En la actualidad,  las empresas buscan personas con conocimientos, of course, pero también con mayores habilidades y aptitudes sociales y relacionales. 

Chequeando la inteligencia emocional.
  • Las personas y los lugares desconocidos te generan interés, tenés facilidad para ser empático, sos “entrador”  con la gente.
  • Prestás atención cuando el otro te habla, no mirás el celular o quién circula por tu alrededor.
  • Reconocés cuando sentís ira, o ansiedad, o miedo como emoción y te ejercitás para controlarlas con los ejercicios de “ENTRENAMIENTO EMOCIONAL”. O sea, trabajás para ello.
  • Te tomás tiempo para cuidar las relaciones, te desenfocás del ego 
  • Te levantás relativamente rápido después de un fracaso, para seguir adelante, sin perder el control.
  • Sabés decir “no”, tenés  capacidad de autorregulación, sabés disciplinarte solo, sabés manejar los impulsos.
Pero ¿por qué no logro lo que busco? Porque suele no haber coherencia entre lo que pensás y expresás verbalmente, el LENGUAJE COGNITVO y lo que profundamente sentís, el LENGUAJE EMOCIONAL. ¡Menudo problema!  Un inicio para el re entrenamiento emocional es verificar lo que estás haciendo a través del siguiente cuestionario.


¡ADVERTENCIA! 
ES UN CUESTIONARIO DURO. 
Son CINCO preguntas difíciles de responder con absoluta sinceridad.
Muchas personas lo eluden por doloroso y prefieren seguir viviendo  intuitivamente.
Si creés que tenés fuerzas, entonces, avanzá. 

¡Allá vamos!

Puntos de chequeo de “TU PREOCUPACIÓN” y cómo equilibrar emociones
  1. ¿QUÉ estoy haciendo?, qué acciones concretas estoy generando encaminadas a resultados. A veces estás convencido que hacés lo indicado, y en realidad, analizando tus acciones te das cuenta que no así. Este mecanismo se denomina auto engaño inconsciente. Relevar tus acciones, tus gestos, es fundamental. No seas como el tero que pone los huevos en un lugar pero grita en otro. El tero es un estratega, vos podés ser un “disfuncional emocional”. Ja. Por ejemplo, Pedro Dynamo se fastidió por los comportamientos de Felisa. En lugar de hablar con ella, pone caras, golpea el escritorio, grita al que entra, refunfuña. ¿Qué sucede? Que Pedro Dynamo no se anima a hablar con Felisa, le da vergüenza. Por lo tanto genera acciones alternativas en la creencia que Felisa se dará cuenta que su enojo se debe a la falta cometida ayer y modificará automáticamente su comportamiento. ¡Nada más lejos de la realidad! Felisa, por el contrario, puede asumir que tal estruendo se debe a que ANAC no cumplió con Pedro Dynamo ya que le debe el racionamiento desde hace tres meses. Pedro está conforme: algo hizo. No se da cuenta que LO QUE ESTÁ HACIENDO es absolutamente inconducente. 
  2. ¿CÓMO estoy haciéndolo?, la manera, el modo. Chequeá si tus acciones están manifestadas con amabilidad, con empatía, con solidez y coherencia, generando un ambiente propicio para ser resueltas. Muchas veces mantenés el mal humor, el disgusto, sosteniendo el conflicto, porque quedarse revolviéndose en la bronca genera cierto placer (si no, no lo haríamos).
  3. ¿EN QUÉ MOMENTO lo hago, o lo propongo, o lo manifiesto?, advertir si es en el momento oportuno o de modo impulsivo, cuando nadie escucha, en un ascensor, en el micro a EZE.
  4. ¿DÓNDE lo hago o lo expreso?, lugar físico y con  la persona indicada. Una queja se viabiliza hacia el que causa tu malestar, no en el rumor de pasillo o en interminables charlas telefónicas con la madrina del nene, quien no puede hacer nada, sólo escuchar la catarsis... al finalizar, la esencia de tu preocupación continuará. Es muy importante que el ámbito de expresión de lo que te preocupa sea el pertinente a la acción: los problemas laborales en el trabajo, los problemas de pareja en la casa, el desmedido aumento del alquiler con el dueño de la propiedad.
  5. ¿PARA QUÉ lo hago, o lo propongo, o lo manifiesto?, objetivo o beneficio de las actuaciones. Es una pregunta clave. Esto que estoy haciendo ¿es bueno? ¿A mí me sirve? ¿Para qué les sirve? ¿Qué resuelvo?
Saber cuál es el objetivo real de nuestras actuaciones es importante y nos hace estar enfocados hacia la meta sin desviarnos. Un objetivo mal planteado dará resultados erróneos. Una emoción no controlada es una interferencia dura como una pared.
Algo que puede colaborar es pedir feedback a nuestro entorno. El primer feedback ya lo tenemos y es verificar los resultados no deseados. Esto supone un grado de equilibrio emocional para convertir la información en nuevos mapas mentales. Tener una buena inteligencia emocional en la empresa ayudará enormemente a la hora de superar con éxito cualquier situación de conflicto. 
Entender que los trabajadores son seres emocionales amplía la perspectiva de desarrollo profesional, enfoca a la persona hacia el objetivo, entre otros beneficios.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
                                                                                                                 Licenciada en Psicología
Capacitadora en Factores Humanos
mdelcalbareda@yahoo.com.ar

No hay comentarios.:

Publicar un comentario