viernes, 9 de septiembre de 2016

Columna Lic. Albareda: “Aléjate de la orilla, métete mar adentro”

Juan Pablo II dejó esta frase que marca un rumbo para este tiempo: “Duc in altum”: “Metete en lo profundo, navegá mar adentro”.

Meterse en lo profundo, ir mar adentro, supone una invitación a ir a lo central, a lo importante, a alejarse de lo “orillero”. Pero no como un movimiento espasmódico, sino -como decía el Papa- con memoria agradecida por el tiempo que pasó, con pasión por el tiempo presente y con una esperanza por el tiempo que vendrá.

Así pienso compartir en este Blog este tiempo de meternos mar adentro, ir a lo hondo, encontrarnos de una manera renovada, que se pueda sentir la presencia de un cambio organizacional a partir del Programa de “MANEJO DE ESTRÉS EN INCIDENTES CRÍTICOS” que nos ha confiado dar a conocer y aplicar.

Este navegar mar adentro supone un camino a recorrer, un desafío a aceptar.
Es necesario llegar a participar de manera activa e individual, que no se exprese solamente en peticiones de ayuda (escaleras de emergencia para una torre, computadoras y numerosas mejoras estructurales) sino también en una acción personal y permanente, de íntima solidaridad con los demás. Es en este océano inmenso del mundo aeronáutico que no basta sólo con declamar “lo que hay que hacer” o criticar el pasado de manera redundante, es necesario que cada uno de los miles de personas que lo integramos veamos la oportunidad de trabajar por el cambio.

Personalmente, concibo esta nueva gestión como un complejo proceso de continuidad en el cambio, por lo que considero necesario alentar y sostener una orgánica y vigorosa acción. 
Basta de lamentos orilleros, debemos ser fortaleza que no se deja vencer; basta de pesimismos, basta de pasividad malsana, de críticas destructivas, llenemos los vacíos con compromiso lleno de pasión por la profesión.

El PROGRAMA M.E.I.C “Manejo del Estrés en el incidente Crítico”

Este es el espacio que hoy acepto para gestionar. Demanda una actitud marcada por intenso profesionalismo y proactividad. El M.E.I.C, a veces se expresará como compañía atenta, otras veces será palabra que alienta, gesto que contiene, disposición a acompañar con espíritu sensible. Se trata, siempre, de hacernos cercanos y solidarios donde se releve un conflicto. En este mundo aeronáutico donde tantas veces se alzaron voces por sentirse descuidados, e incluso, excluidos, ¿no es indispensable acceder a una metodología tantas veces solicitada y siempre ignorada de cuidarse y sostenerse unos a otros? Ya tendremos tiempo para el debriefing que permitirá ajustar, recalcular.

El M.E.I.C proclama un "hacer juntos", a buscar coincidencias, a aprender y aplicar estrategias que ayudan a convivir de un modo más saludable, como fervorosos partícipes de que “si queremos, podemos lograrlo, entre todos”.

Hemos generado un programa que consideramos un bien y debe salir de la oscuridad de un cajón. Sale a la luz para una aplicación inmediata en los equipos de los servicios de navegación aérea, convocante y motivante. Basta de esperar “que nos manden de arriba, como el maná del cielo”, lo que tantos años hemos visto y oído. Una organización debe mostrar misión y visión, nosotros debemos implementar herramientas de gestión en los vínculos humanos, en la gestión diaria.

Esta misión que hoy se nos confía exige enfrentar el desánimo, creer que “no será más de lo mismo”, y trabajar para que no sea así. La riqueza de la convocatoria M.E.I.C reclama operativos convencidos y entusiastas, mostrando coherencia en el hacer en función de sus propios equipos de trabajo, para lograr mejores climas laborales, atendiendo a la Seguridad Operacional.

Cuando somos testigos patentes de las propias fortalezas y de las propias debilidades, cuando lo reconocemos de corazón, experimentamos que trabajar por sí mismo y por el equipo es verdaderamente acercarse a un clima laboral no tóxico.

LOS DESAFÍOS

Con oídos atentos y sensibilidad ante el otro queremos trabajar con esta herramienta en la que creemos e intentamos llegar. Guiados por una metodología seria y con la participación de todos, nos alineamos en lo bueno de las posibilidades de este momento histórico. Nada nos apremia tanto como acercarnos a los equipos de operativos para transformar el conflicto en abordaje conjunto.

Esto ha de expresarse en mejores estructuras de unión, articuladas a partir de la comunicación efectiva, en la superación de indiferencias, en el diálogo maduro y en la práctica del compartir el trabajo cotidiano. El existir con otros y el compartir numerosos turnos de trabajo, no es un hecho accidental que se deba soportar. 

Es necesario fortalecer – o aún, recrear-  los vínculos en todas las dependencias. En el diálogo se construye el nosotros del trabajo corporativo. La persona humana es esencialmente social.

Para ella, vivir es convivir. La familia es la primera comunidad humana, el origen natural y la célula básica de la vida social. Las asociaciones intermedias se constituyen libremente en torno a un bien común particular o a un deseo o una misma necesidad y terminan compartiendo una misma historia y una misma cultura.

Dado que las crisis generadas por el estrés laboral deterioran los vínculos sociales y enferman al individuo, se hace necesario que, con imaginación y creatividad, todos participemos en la tarea de reconstruirlos para sí y para el mundo del trabajo.


Licenciada María del Carmen ALBAREDA
                                                                                                      Licenciada en Psicología
                                                                                                 Capacitadora en Factores Humanos
                                                                                                    mdelcalbareda@yahoo.com.ar
                                                                                                     meic@eana.com.ar



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