martes, 5 de diciembre de 2017

Complejidad y dificultad

La noción de complejidad es profundamente dual, ya que nos remite a varios espacios en interacción:
  • La tarea a realizar
  • Las características de dicha tarea
  • El conocimiento experto necesario para realizar el trabajo
  • La dificultad que se percibe para realizarlo (que es diferente del conocimiento experto propiamente dicho)
Considerada de esta forma, la complejidad remite a elementos observables, independientemente de que se trate de factores externos o del nivel de conocimiento experto necesario para la realización del trabajo. 
La dificultad remite a la ejecución del trabajo por parte del operador, en ese día y en esa situación más ligado a una vivencia personal y a la aplicación de conocimientos y el saber hacer, como también al control dinámico para alcanzar el objetivo previsto.

Los indicadores de la dificultad no reflejan los indicadores de complejidad:
  • La dificultad se guía por las intenciones, el saber hacer y los objetivos personales del operador. Cuanto más nos alejamos de la intención, más hablaremos de dificultad. 
  • La complejidad se expresa en términos de coste cognitivo; los procesos cognitivos utilizados para alcanzar los objetivos establecidos tiene un costo personal que puede significa desatender otras actividades, asumir riesgos y un aumento de la probabilidad de cometer un error o el aumento de la fatiga. 
La complejidad se refiere a un estado particular de la situación que incluye al operador y a la tarea que tiene que realizar, e impone exigencias y comportamientos diferentes respecto a una situación en que la complejidad es mínima y los comportamientos están estereotipados. La dificultad se refiere a las intenciones, a los costes de los procesos cognitivos utilizados por cada persona para responder a la situación. 

Puede existir dificultad sin complejidad (un operador se bloquea y desea comprender elementos de la situación que no son necesarios para la ejecución de la tarea) y complejidad sin dificultad (lo que para un operador puede ser complejo, para otro suficientemente preparado puede realizarlo de una forma rutinaria)

Que tiene que ver esto con la aviación, ¡muchísimo! Definir la complejidad y la dificultad de una tarea, la complejidad y dificultad de la realización de un procedimiento es parte de la gestión de riesgos. Generalmente pensamos que con establecer un procedimiento tenemos solucionado todo. Los procedimientos son, inevitablemente, una especificación incompleta de la acción que hay que realizar. Seguir procedimientos, es decir llevarlos a la práctica, hacer lo que está escrito, requiere inteligencia: un verdadero trabajo cognitivo (¡la dificultad!). Requiere del juicio, que hace quien lo tiene que llevar a cabo, del contexto dinámico y complejo del momento (¡La complejidad!).

Hay habilidades no técnicas que entran en juego, hoy día consideradas más importantes que las técnicas.

Las habilidades no técnicas se definen como las actitudes y comportamientos, no directamente relacionados con el control de la aeronave, el control de los sistemas y los procedimientos normalizados de trabajo. Ejemplos clásicos de habilidades no técnicas son la autoridad, la coordinación, la cooperación, la comunicación, la toma de decisiones, la gestión de conflictos y error, el estrés y la gestión de carga de trabajo, la atención, la vigilancia y la confianza. En resumen, las habilidades no técnicas abarcan tanto el aspecto social como el cognitivo.

Paz y bien
Roberto Gómez

Fuentes:
René Amalberti, La acción humana en los sistemas de alto riesgo, Editorial Modus Laborandi, 2009.

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