domingo, 26 de agosto de 2018

Datos de seguridad operacional

Roberto Gómez
Hoy se dispone, en cualquier organización dedicada a la aviación, de gran cantidad de datos referidos a seguridad de las operaciones | Safety. 

Ya sea por los sistemas de reportes internos, investigaciones, auditorías, calidad, etc. Un cúmulo importante de datos. La pregunta que cabe hacer es ¿Son los datos correctos? ¿puede mejorarse la seguridad con este tipo de datos? ¿se trata, entonces, solo de ir a la caza de datos? 

Un factor crítico para el éxito en safety es la traducción de los datos a información y darle el significado correcto. La toma de datos por si sola y la incorporación a una base de datos no es lo mismo que la interpretación, ni el intento por entender lo que estos pueden significar para los procesos que pueden influir en la seguridad operacional. Es complejo dar sentido a los datos por medio de métodos de clasificación y las prácticas actuales no son capaces de hacerlo.

En primer lugar, todos los sucesos son clasificados por categorías y los problemas surgen cuando las categorías se mezclan en el sentido de antecedentes y consecuencias de fallo como descripción del suceso. Hollnagel explica cómo los sistemas de clasificación confunden fenotipos (manifestaciones) con genotipos (“causas”). El fenotipo de un incidente es lo que ocurre, lo que las personas han hecho en realidad y lo que es observable. Por el contrario, el genotipo de un incidente es el conjunto característico de factores que producen el aspecto superficial (fenotipo) de un suceso. Los genotipos se refieren a los patrones de factores que contribuyen y que no son directamente observables. La importancia de un genotipo es que identifica las características más profundas que muchos fenotipos superficialmente diferentes tienen en común.
La segunda cuestión es la clasificación de los incidentes. Un suceso generalmente complejo en un entorno muy dinámico es reducido a un informe del suceso. La información somera, la ausencia de datos del contexto (es todo un tema ya que no es frecuente un análisis profundo del contexto al momento del suceso. El término contexto (del latín: contextus; conocido también como contexto material y contexto abstracto o simbólico), es el conjunto de circunstancias (materiales o abstractas) que se producen alrededor de un hecho, o evento dado, que están fiablemente comprobadas) y la falta de un método para asignar una categoría hace de la categorización un proceso que se ve enormemente influenciado por la interpretación personal de quien administra los datos. Es difícil abstraer la interpretación personal para que no contamine el dato objetivo. Esto es aplicable, casi directamente, al nivel de riesgo asignado a un suceso en un análisis. 

En tercer lugar, el requisito de casi todos los programas de bases de datos es ubicar los sucesos en una única categoría. La mayoría de las herramientas de software no pueden manejar sucesos de diferentes categorías al mismo tiempo. Por otra parte, contar se hace difícil cuando algunos sucesos son asignados a más de una categoría y contar sucesos por categoría es una información que se considera valiosa.

A la alta dirección de una organización se le presentan números y cuestiones cualitativas de sucesos de alto riesgo. Se utiliza un enfoque cuantitativo inicial de los incidentes y el enfoque cualitativo que viene después se pospone hasta que se observa una tendencia, un aumento de incidencias en una categoría determinada. Cuando se observa una tendencia se inicia un análisis de estos datos y este es, por tanto, el inicio de un análisis más cualitativo en el que los datos son interpretados y dónde se les atribuye un significado. Se asume que todas las prácticas reactivas mencionadas son útiles basándose en la teoría del “iceberg” que básicamente significa que al evitar incidentes se evitarán accidentes: ¿Sigue siendo este un supuesto válido?

El famoso Iceberg surge de la Pirámide de Accidentes de Heinrich. Una descripción gráfica de la relación entre ocurrencias e incidentes y accidentes más serios. En su libro de 1931 "Prevención de accidentes industriales, un enfoque científico", Herbert W. Heinrich presentó el siguiente concepto que se hizo conocido como la Ley de Heinrich: en un lugar de trabajo, por cada accidente que causa una lesión importante, hay 29 accidentes que causan lesiones menores y 300 accidentes que no causan lesiones.
Esto se describe comúnmente como un iceberg. La ley de Heinrich se basa en la probabilidad y supone que el número de accidentes es inversamente proporcional a la gravedad de esos accidentes. Lleva a la conclusión de que minimizar el número de incidentes menores conducirá a una reducción de los accidentes graves, lo que no es necesariamente el caso.

Las investigaciones de accidentes e incidentes se ejecutan para crear una oportunidad de aprendizaje para la organización. Como resultado se publica un informe a partir de la investigación con recomendaciones de seguridad operacional que, de acuerdo con el equipo de investigación, deberían implementarse para evitar que se produzca de nuevo. Muchas veces estas recomendaciones pueden traer mayores costos de operación, formación adicional, cambios en procedimientos o incorporación de equipamiento. Aquí se produce un conflicto de objetivos, por un lado, no es bien visto que una recomendación sea rechazada y por otro lado un fallo puede ser un suceso único, una anomalía sin un significado mayor para la organización, ninguna organización sale corriendo a comprar nuevo equipamiento, pagar capacitaciones o realizar nuevos procedimientos así sin más. Por lo pronto, si no se aceptan los cambios sugeridos se desperdicia el tiempo y los recursos invertidos ya que no se producirá cambio alguno ni se aprenderá de lo sucedido.

El sistema de gestión de la calidad en una organización comprueba si las recomendaciones aceptadas son de hecho implementadas. No hay, generalmente, ningún proceso definido que analice las recomendaciones tuvieron el efecto que se esperaba. Esto sucede si se informa de los nuevos sucesos que parecen estar relacionados con los cambios instalados pueden hacer una conexión y un análisis de las recomendaciones que se implementaron.

Se pone mucho esfuerzo en las investigaciones y después de pocas semanas o meses las operaciones vuelven a la “normalidad”.

Las prácticas actuales en la gestión de la seguridad se basan en la perspectiva de que la gestión de la calidad es el enfoque proactivo para evitar accidentes. La gestión de la calidad se centra en el cumplimiento de los procedimientos, normas y reglamentos. Las auditorías y las inspecciones se hacen para confirmar este cumplimiento y en una organización de alta calidad se observan pocas desviaciones de los estándares establecidos. Esto lleva a plantearse la siguiente pregunta ¿las organizaciones de más alta calidad son más seguras que las de menos calidad?

La idea que la calidad garantiza la seguridad se basa en una visión del mundo en la que el cumplimiento es siempre posible, en la que todos los procedimientos son perfectos y que no se produce ningún fallo siempre que no se haga algo que no esté previsto en el diseño, que toda actuación es constante y que no existen restricciones que limiten la habilidad de las personas para que tengan pleno conocimiento, certeza y tiempo para hacer su trabajo. Esta perspectiva explica que la causa de los accidentes son desviaciones de los procedimientos aprobados, de las normas y de las regulaciones. Con esta visión calidad y seguridad se solaparían por completo. 

Una perspectiva más realista es que la complejidad y la dinámica de nuestro mundo no son tan predecibles como para que todas las normas, regulaciones y procedimientos sean siempre válidos y perfectos. Debido a las causalidades, las personas tienen que improvisar porque en ocasiones las situaciones no corresponden a las especificaciones tal y como están establecidas en el procedimiento. 
Desde este punto de vista hay mucho menos solapamiento entre calidad y seguridad operacional. La seguridad operacional asume que los procedimientos, las normas y las regulaciones son todo lo buenas que pueden ser, pero al mismo tiempo reconoce sus limitaciones. La calidad como un enfoque proactivo a la seguridad es un acercamiento limitado si solo nos apoyamos en ella. Es necesaria pero no suficiente para trabajar en seguridad operacional.

En pocas palabras, los sistemas eficaces de gestión de la seguridad utilizan métodos de gestión de riesgos y calidad para alcanzar sus objetivos de seguridad. Un SMS también proporciona el marco organizacional para establecer y fomentar el desarrollo de una cultura de seguridad corporativa positiva.

Paz y bien
Roberto Gómez

Fuente:
Ingeniería de la resiliencia, Hollnagel, Woods y Levenson, Modus laborandi, 1ra edición 2013.
Skybrary.com

martes, 14 de agosto de 2018

Lic. Albareda | José, el amigo de Pedro Dynamo

Lic. Albareda
Ingresado siendo muy joven, toda la vida de José, el amigo de Pedro Dynamo, había transcurrido en un Aeropuerto, y llegado el tiempo de jubilarse debió despedirse del lugar querido. Ahora, con más de 65 años, intenta inventar un proyecto que aúne su pasión por la mecánica y la electrónica con las necesidades de la gente fuera del ámbito aeroportuario, de modo de mantenerse activo trabajando. 
Por voluntad o por necesidad, cada vez más personas deciden reorientar su carrera laboral luego de la obligada edad jubilatoria.

Pero, José vive en una sociedad que lo considera “demasiado grande” para abrirse camino por cuenta propia y también para ser contratado. Con 'la etiqueta' a cuestas, comienza a pensar que nunca podrá volver a trabajar...  Y no está dispuesto a darse por vencido.  

Te llegó el momento del descanso

Familiares y amigos lo alientan a “descansar después de tantos años de turnos en el Aeropuerto”. 
José asimila tal descanso como una carrera hacia la decrepitud, la depresión y la inutilidad. 
¿Por qué traer al presente lo que, para él, es un futuro? 
¿Por qué vivir hoy estados que llegarán en cinco o diez años, de acuerdo a como él percibe su vida? 
Claro, no todos sienten lo mismo. Tiene amigos que se dedican a pasear, o cortar el césped tres veces por semana, o arreglar los tupper de la cocina por tamaño y color, o reunirse para contar viejas anécdotas, o –directamente- ser realmente felices por no “trabajar” más.
José aún tiene energía y motivación para continuar “trabajando”.

Desde los Recursos Humanos

También es cierto que algunas personas comprenden que el trabajo en el que han invertido toda su vida laboral, ha quedado obsoleto. Si no fueron actualizándose, será muy difícil una nueva inserción laboral. (Remito a la Columna mes de junio 2017 “No quiero ser una ARGENTINOSAURUS”, bastante real y divertida… creo…). 
Y ni qué hablar de oficios y profesiones que van dejando de existir fagocitados por la tecnología.

Una sugerencia para José

Si José aún es productivo, si puede aportar desde su vasto conocimiento y vivencias, si aún no se volvió un regresivo que vive del pasado, también tendrá que comenzar a gestionar su atención en lo que se propone, aceptar sus limitaciones y detectar las nuevas Oportunidades reales, para no quedar entrampado en caprichos muy difíciles de llevar a cabo y generadores de abatimiento.

Esto se denomina aceptación, que no es lo mismo que resignación. La aceptación lleva a la resignificación, a la adaptación, siendo verdaderos valores vitales facilitadores de la satisfacción.

José deberá cuestionar sus planes para que resulten efectivos y no frustrantes.

¿Qué emociones y sentimientos aparecen en la sensación de tiempo?
¿Estoy buscando ir rápido para no sentir?
¿Estaré llenando mi día y vaciando mi vida?
¿Estoy preparado para continuar en una dinámica laboral?

Perfeccionismo, impaciencia, ambición, descanso, sentimientos, responsabilidad, motivación, interés 
por los otros, lazos afectivos y sociales de contención, son los elementos a analizar y contextualizar en un todo global que ayuden a transitar la etapa.

Dejarse acompañar por familiares y amigos…o por una psicóloga.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
Psicóloga

AMERICAN DEJARÁ DE USAR EFECTIVO EN ARGENTINA

BUENOS AIRES - American Airlines anunció que, a partir del 1 de septiembre del 2018, la aerolínea ya no hará transacciones en efectivo en el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini (EZE). A partir de dicha fecha, los pasajeros deberán utilizar tarjetas de crédito o  débito para hacer cualquier transacción en el aeropuerto, incluyendo la compra de boletos o el pago del equipaje facturado.

A nivel global, American se encuentra en una fase de transición para que en cada uno de los  aeropuertos donde operamos se realicen transacciones sin efectivo, permitiéndole a los miembros de nuestro equipo a ayudar a nuestros clientes de una manera más rápida y eficiente, destacó Gonzalo Schames, Gerente de Operaciones de American para Argentina, Chile y Uruguay.

Al dejar de utilizar las transacciones en efectivo facilitamos la tarea de nuestros empleados, quienes ya no tendrán que preocuparse por manejar dinero, encontrar el cambio exacto o cerrar una caja de efectivo al final del día. Estas son noticias positivas para nuestros clientes y para nuestro equipo en el aeropuerto, añadió Schames.

El Aeropuerto Internacional de Ezeiza se suma a los más de 50 aeropuertos en los que opera American en todo el mundo que ya no realizan transacciones de la aerolínea en efectivo, entre estos se encuentran el Aeropuerto Internacional de Miami, el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy de Nueva York, el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles y el Aeropuerto Internacional Dallas/Fort Worth, entre otros.

Desde Ezeiza, American ofrece vuelos directos hacia las ciudades de Miami (MIA), Nueva York (JFK), Dallas/Fort Worth (DFW) y, a partir de diciembre, Los Ángeles (LAX).