sábado, 22 de septiembre de 2018

Lic. Albareda | Una grieta en la oficina

Pedro Dynamo es operativo en Ezeiza, casado con Amalia y papá de un niñito.

Al igual que su esposa, ama el paisaje de montaña, los lagos y la serenidad, por lo tanto, sus vacaciones transcurren en Villa Verde; en cada regreso a Bs.As. repiten: “Algún día viviremos aquí”.
Tanto pedir, tanto insistir, al fin lograron el ansiado traslado. Ahora, Pedro Dynamo es operativo en una empresa de Villa Verde. ¡Hecho!
Consiguió una casa de buena estructura, cómoda, con vecinos amables y solidarios. 
Inmediatamente concurrió a su nuevo lugar de trabajo, una dependencia, cómoda, aseada, luminosa, desde donde se pueden disfrutar el lugar de trabajo y la montaña.

Pero algo llamó su atención: una grieta en el piso atravesaba la oficina, desde las pantallas de las computadoras hasta la pared opuesta. Una grieta irregular y profunda.
Rápidamente apreció que algunas personas quedaban de un lado y, otras del otro lado de la grieta.
Digamos que eran los del Norte y los del Sur; los del N no se comunicaban con los del S, ni viceversa. 

Es más: una Supervisora del S, necesitando un dato que tenía una del N, llegó a pedírselo a una situada en el Este, usándola como mediadora en la comunicación ya que entre ellas no se hablaban. ¡Y había un metro entre ambas! Se mostraban verdaderamente irreconciliables.
A su vez, los del Este expresaban orgullosos que no participaban de esta fragmentación, ya que “nosotros venimos a trabajar y no nos metemos en problemas”. Por lo tanto, saltaban ágilmente por sobre la grieta durante todo el tiempo de trabajo. Terminaba el horario y partían, sin haber registrado la cantidad de saltos realizados. Tenían naturalizado semejante y cotidiano esfuerzo.

Pero, quienes caían en la grieta terminaban afectados emocionalmente, a veces llorando, muchas veces volviéndose vulnerables a semejante estrés de miedo y sometimiento. O sea, un verdadero atentado a la seguridad operativa porque, en ocasiones, hasta podían perder la conciencia situacional, olvidar datos o confundir números, o sentirse impactados cuando escuchaban una voz desde el fondo de la grieta que vociferaba: “¡No voy a habilitarte ni en 10 años!”.

Los del N y del S enfrentados, los del E sobreviviendo, carentes de empatía y restando energía al equipo, ya que, lejos de estar por fuera de la grieta, estaban involucrados como todo el resto y sufriendo las consecuencias del conflicto. 

Los del Oeste, algo alejados, hacían correr rumores aliándose a unos u otros, con el sólo placer de alentar el conflicto y disfrutar perversamente de la situación.

Pedro Dynamo se preguntó: ¿desde cuándo se vivirá este escenario?
¿Qué se habría hecho para abordar el conflicto?
Los jefes decían que era puro chismerío y se alejaban, no porque estuvieran convencidos, sino porque tampoco sabían qué hacer y ni se preocuparon por abordarlo.

EL INDIVIDUO

Este tipo de individuos tóxicos, que con pico y pala socavan el terreno abriendo estas grietas suelen existir en casi todos los trabajos, empresas, organizaciones y hasta en algunas familias.

EL GRUPO

La pregunta es: ¿Una o dos personas tóxicas “pueden” sobre quince o veinte? 
¿Nadie puede detenerlos?
¿O es que llenan un cierto espacio de perversión común a los humanos?

Es evidente que en estos grupos desaparece el altruismo recíproco y predomina una necesidad de agredir, de hostigar, siendo la depresión y soledad, el no encontrar sentido a su vida ni a su trabajo lo que -habitualmente- los guía, entre otras causales.

¿Qué efecto produce que cada vez más personas acepten una vida en la que están física y, tal vez, emocionalmente alejadas unas de otras?


LA GRIETA HUMANA Y EL PUENTE DE LAS HORMIGAS

Los humanos, ¿somos gregarios por naturaleza? 
O ¿las hormigas nos superan ampliamente cuando construyen un puente con sus propios cuerpos para acarrear hojitas?



EL DILEMA DEL PRISIONERO 



El Dilema del Prisionero es un problema fundamental de la teoría de los juegos que muestra que dos personas pueden no cooperar, incluso si ello va en contra del interés de ambas. 


El más importante corolario de este dilema es que la única forma de ganar es con un cambio de valores: del egoísmo individual al altruismo del bien común. 

Este puede ser el juego de supervivencia del planeta: o la humanidad termina en la extinción o sobrevive gracias al respeto al otro. Y en un Aeropuerto: o salvaguardan la Seguridad Operacional (pilotos, pasajeros, tripulantes de cabina) o se acercarán dramáticamente a un posible accidente. Lo mismo en cualquier empresa, aunque, claro, sin riesgo de vidas.

La paradoja de todo lo anterior es que para lograr el beneficio individual es menester respetar el bien común. El egoísmo finalmente desemboca en la auto destrucción de la humanidad. 


LAS MÁXIMAS DE STEVE JOBS

El gran Steve Jobs dio muestras de cierta habitualidad en sus comportamientos con el fin de crecer, de madurar, de lograr crear Apple, Macintosh, IMac, IPod, IPhone, Pixar, etc., monstruos de innovación planetaria. 
Y yo vengo a descubrir que algunos personajes se comportan de la misma manera, pero, lejos de ser creativos o productivos, sólo van logrando dañar el sistema, atrasándolo.

“Poner pasión, emoción en todo lo que hagas”
Justamente lo que hacen las personas tóxicas, claro que, en otra dirección, tratando de manipular y ganar espacios de poder.

“Ser brutalmente honesto, si algo me apesta lo digo”.
Una de las actitudes frecuentes de los tóxicos: siempre dicen lo que piensan, arrasando con la autoridad del supervisor, del jefe, de lo escrito en los manuales, etc.

“Seducir y adular desarma a los más duros”
Seducen con sus pseudo conocimientos, estableciendo alianzas con aquellos más débiles en las convicciones, o aún, con los que sólo van a trabajar y se muestran evitativos de los conflictos, con los más inseguros… o neuróticos. Los del Este y los del Oeste.

“Conocer el hambre del otro” 
Saben tomar las necesidades genuinas de los otros (por ejemplo, reclamos laborales) y las llevan como agua para su molino.

“Ser perseverante, tomar todas las oportunidades”
Estas personas aprovechan cualquier oportunidad para gritar su desmesura a los cuatro vientos. No eligen a la persona adecuada (el jefe que debe dar respuesta, el gremialista que se comprometió con el caso), no, demandan a la Psicóloga que diseñó un Taller, a un Instructor. No pierden tiempo, imponiendo, haciendo gala de ocupar espacios de poder más allá de su propia baldosa de vida.

“Jugar a todo o nada, no quedarse en los grises”
Evitan los pedidos razonables, los diálogos criteriosos, la defensa de las convicciones genuinas, y se dedican a enrarecer, día a día, el clima laboral, alterando a la gente, sacándola del foco de la tarea.

“Transformar una decisión operativa en una decisión de vida o muerte”
Volviendo loco al jefe, taladrando cerebros, sólo para lograr lo que ella quiere. Y muchas veces esta persona tampoco sabe qué quiere, ya que, ante el ofrecimiento de un cargo de gestión, responde con una fuerte negativa. Esto nos remite al refrán sobre el perro del hortelano.

Lic. María del Carmen ALBAREDA
Psicóloga
Capacitadora en Factores Humanos
mdelcalbareda@yahoo.com.ar

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