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Columna mensual de la Lic. María del Carmen Albareda: Huesos duros de roer

Es muy grato presentarles a la Licenciada María del Carmen Albareda, no solo una excelente profesional, sino también amiga personal. 

Aceptó el desafió de escribir el capítulo sobre Factores Humanos en mi ultimo libro "Aeródromos & Aeropuertos". 


De amplia trayectoria dentro del medio aeronáutico, me atrevo a condensar su curriculum mencionando los siguiente:
  •  Psicóloga Laboral
  •  Facilitador CRM
  •  Capacitadora Profesional Especializada
Además
  • Responsable Área de Factores Humanos en el CIPE (Centro de Instrucción, Perfeccionamiento y Experimentación) de la Admistración Nacional de Aviación Civil
  • Miembro del Equipo Multidisciplinario de Selección de postulantes para el Curso de Controlador de Tránsito Aéreo en todo el país 
  • Seguimiento y acompañamiento de los alumnos en su desempeño intelectual y conductual, durante el proceso de aprendizaje formal.
  • Diseño y Dictado de la Asignatura “Factores Humanos” en:   
  • Curso Controlador de  Tránsito Aéreo 
  • Curso Supervisor de Servicios Aeronáuticos
  • Curso Gerenciamiento Estratégico de Factores Humanos
  • Curso Controlador de Tránsito Aéreo Radar 
  • Curso Actualización CTA
  • Diseño y Dictado de las Asignaturas “Ciencias del Comportamiento I y II” de la Asignatura “Recursos Humanos
  • Licenciatura en Gestión de Tránsito Aéreo
A partir de hoy escribirá una columna mensual para el blog que será publicada el último miércoles de cada mes sobre distintos temas dentro de la psicología pero aplicables plenamente al ámbito aeronáutico donde desarrolla su actividad profesional

María del Carmen, bienvenida a bordo.

Roberto Julio Gómez



Rocío y Milo pelean por un autito. Interviene la madre ofreciéndoles otros juguetes, la ignoran y sigue el griterío.

La madre abre la heladera para comenzar a preparar la cena. Algo llama la atención de Rocío, quien abandona la disputa por el auto y pide un yogur de frutilla que aparece, tentador, en primera fila.

Milo ha sido el claro ganador, quedándose con el preciado trofeo que tanta energía y tiempo de su vida le insumió. Pero no es así. Milo corre hacia la heladera pidiendo él también un yogur. De acuerdo, la madre le ofrece el que queda: yogur de vainilla.

Milo se acerca a Rocío intentando quitarle el que ella posee: el de frutilla. En otros momentos acepta  encantado el de vainilla y lo saborea con gusto, pero ahora quiere –justamente- el que no posee.
Y se reanuda la disputa, en la creencia de que lo que es poseído por el otro, tiene más valor.
En ese momento, entra el padre trayendo bolsas que se ven muy llamativas. Ambos yogures son abandonados sobre la mesa y los chicos corren atraídos por lo que consideran un nuevo centro de interés.
Al cabo del día, la madre muestra claros signos de fatiga.

¿Resulta un tema familiar? ¿Parece exagerado?

Estas conductas, comprensibles en niños de dos o tres o cuatro años -en  períodos de consolidación de su personalidad-  se consideran conductas disruptivas en los adultos y que tanto desgaste traen consigo a una gestión laboral.

Pasemos, ahora, a un escenario más reconocido.
El Jefe pide a una persona que colabore en el desarrollo de un proyecto. ¿Con qué puede encontrarse? Posiblemente, con estas frases:














A esta altura, el Jefe, conociendo el paño y ante el gesto de poco involucramiento, elige a otra persona.
Entonces, al conocer el nombre del nuevo elegido para el desarrollo del proyecto, no sería extraño que aparecieran  otras nuevas  expresiones:











El neurótico siempre tratará de llamar la atención adoptando diferentes conductas.
O se quejará por no ser centro, no ser reconocido, o impondrá su yo, su parecer, y se aislará, considerándose único y no sometido a las directivas de los demás.











Y, dentro del ámbito laboral, se escuda en su escritorio, en su computadora, se rodea de su potus, de su taza de café, de la resma de papel que no usa (pero que atesora “por si se necesita”), pelea por pegar el panfleto gremial o la imagen de San Expedito en el monitor...

Es anhelar algo, que, cuando llega (el reconocimiento tan ansiado) pierde el valor fantaseado. Se asusta por tanta exposición, prefiere volver a su aislamiento de escritorio, o de puesto de operador, cuidado por su potus y por San Expedito.

Desde este lugar, es difícil constituir equipos de trabajo con personalidades que detentan estos rasgos, ya que el objetivo es hacerse del dominio, controlar, aunque no se sepa para qué o con qué beneficio (como la disputa por el autito o el yogur). Se defiende una posición, no un interés.
Estas personas se defienden cuando nadie las ataca.
Objetan, sin tener argumentos claros ni posibles de concretizar.



Hay inmadurez de base en la conformación yoica, por lo tanto, pretende que lo acepten como es (“Uds. ya me conocen, yo soy así”) y si no, que cambie el otro.



Otra forma de juego neurótico es el de los que viven peleándose...pero no pueden separarse.                         La verdad oculta es que no pueden perder la hipótesis de conflicto (ver Capítulo  “Factores Humanos”, página 48, del Libro “Aeródromos y Aeropuertos” de Roberto J. Gómez).

El neurótico disruptivo vive esperando escuchar lo que quiere escuchar, de lo contrario siente que nadie lo quiere, modifica la percepción y se mantiene en el círculo de la queja y la lamentación que tan bien conoce y domina!.

¡Huesos duros de roer!

Lic. María del Carmen ALBAREDA
Licenciada en Psicología
Capacitadora en Factores Humanos

mdelcalbareda@yahoo.com.ar

Comentarios

  1. Lic. Gustavo R. Rodríguez31 de enero de 2013, 16:22

    Muy buen aporte sobre psicología laboral aplicado al contexto aeronáutico en superficie.
    Éxitos !!!!!

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